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Autobiografía

Mayo 11, 2008
No soy alternativa, ni progre. No uso barba, no me hecho el tatuaje de una serpiente, ni siquiera el de un símbolo celta, en fin, que no llevo tatuaje. No tengo un agujero en el lóbulo izquierdo, no me he perforado un cartílago, no tengo un piercing en el ombligo, tampoco en el clítoris. Mi piel está aburridamente intacta. No tengo un pecho más grande que otro, ni un lunar sobresaliente. No como sushi. No sé cocinar, no tengo dinero para ir a restaurantes exóticos, ni tiempo para inventar historias de cuando fuí a restaurantes exóticos. No colecciono libros, después de leerlos los devuelvo, los regalo, los dejo en el asiento del metro. No hago botellón, no duermo en los bancos de los parques. No fumo porros, no me inyecto, no esnifo. No tengo un perro de raza, ni un gato mimado con nombre literario. No pertenezco a ningún club o sociedad exclusiva. No soy socio de nada, ni milito en ningún partido que no sea el de los por cuenta propia. No envidio a nadie, no quiero ser jefa de nada. No como alimentos biológicos, no hago Tai chi, ni yoga. No organizo orgías, ni participo en ellas, no me gustan los menages a troi. No me acuesto en la primera cita, ni en la segunda. No voy a la filmoteca a ver un ciclo de cine alemán. No frecuento a gente famosa. No padezco una enfermedad misteriosa, no trabajo en una fábrica de caramelos. No tengo un padre influyente, ni una madre actriz de teatro. Nadie me maltrató de niña, si acaso de adulta, pero apenas lo recuerdo. Es todo, es eso. Sospecho que soy normal.
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En torno al símbolo y lo simbólico

Mayo 7, 2008

Me viene a la mente Rosa Park, la primera negra que se negó a darle su puesto en un autobús a un grupo de blancos. Fue simbólico, con ese gesto, no canceló el Racismo. Durante semanas los negros de Alabama no cogieron un autobús y marcharon pacíficamente por el arcén en protesta por la discriminación racial. Manifestarse es símbólico, es cierto. No van a mejorar nuestras condiciones laborales, ni nuestro estatus de precario. Hablar también lo es, las palabras no pueden cambiar nada y sin embargo, no paramos de hacer discursos, de amor, de guerra, de filosofía. Discursos de sobremesa. ¿Para qué sirven los símbolos? ¿Tienen un valor real? ¡Yo digo sí! Creo en lo que expresan. Muchas de las cosas, y tantas, de las que hacemos cada día son absolutamente simbólicas: Los palestinos lanzan piedras contra los blindados israelíes y saben que con eso no les vencen, no recuperarán sus tierras. Los poetas hacen poemas de amor y a veces ni siquiera consiguen que alguien se enamore de ellos. Alguien que conozco -no lo juzgo- roba en los grandes almacenes, su pequeño gesto contra el Sistema, aunque sabe que ‘El tajo inglés’ no va a ser más pobre, ni más rico. Un símbolo es casi nada, pero a la vez es todo: Resistencia, evocación. Un símbolo representa una realidad física y espiritual, expresa ideas, denota, revela cosas y acciones. Yo voy a seguir participando en los desfiles, en las marchas, en las protestas, en las paradas. Yo creo en los símbolos. Todavía.

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Traficando con las palabras

Mayo 4, 2008

Siempre me ha gustado tratar a las palabras como si fueran entes vivos, con olor, sabor, color y además, significado. Hoy me he pasado casi toda la mañana escribiendo la frase ‘capilla ardiente’ y mi humor  cambiaba por momentos. Al escribir la palabreja olía a difunto, a velatorio, la paladeaba y sentía su fuerte sabor a enfermedad y a muerte. De regreso a casa, con la mitad de la única neurona restante, seguí dándole vueltas al asunto. ¿Capilla ardiente? Ardiente, la palabra arde entre mis dedos, me insinúa un abrazo o un beso y sin embargo, aludo a un ilustre cadáver. Pero es igual, las palabras son tan caprichosas que sirven para decir todo lo que uno quiere y no quiere decir; se equivocan, se enquistan. Las palabras con las que a veces arañamos e insultamos, usando sus sílabas como lanzas. Las palabras que se enamoran de uno y no te sueltan por tres meses, mientras tú no te cansas de utilizar siempre la misma: Joder, joder, joder, capilla ardiente, capilla ardiente, ven, ven, vete, vete, vete como si fueran la misma cosa. En esta trampa de las palabras vivimos, traficando con ellas en una cotidianidad hecha de verbos y sustantivos. A ver, se ha preguntado por qué llamamos paciente a alguien que espera en un dentista, que se (IM)pacienta, porque un enfermo es alguien que tiene de todo menos esa cualidad de monje. Sobre esto no llegué a ninguna conclusión. En cambio, al margen de la poesía que me transmite ‘ardiente’, descubro su cola práctica. Es cierto, en la capilla ardiente velan los cuerpos sin vida y no conozco ninguno ardiente, si acaso fríos, tiesos e inmóviles. Al significado de capilla como el lugar donde se levanta un túmulo y se celebran honras solemnes por algún difunto. Se suma el de ardiente porque está alumbrada por muchas luces. No me canso, no se canse. Es legal, por el momento, traficar con palabras.

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A 40 años de todo

Abril 30, 2008

De Hair, del movimiento hippie, del sexo libre en Hight Ashbury, de los pacifistas, de mayo del 68, de la Revista Rolling Stones, antes de convertirse en esto. A 40 años de la matanza de los estudiantes mexicanos en la Plaza de Tlatelolco, de Sudáfrica legalizando el apartheid , de los asesinatos de Martin Luther King y Robert Kennedy. Cuatro décadas nos separan del desenfreno y la irracionalidad de mover nuestros culos por algo, por alguien. Bastaba el ‘peace & love‘ en la Era del Acuario . La capacidad de indignación estaba a flor de piel. 1968 fue el año de la guerra de Vietnam, de los tanques rusos repartiendo totalitarismo en Praga, de mis padres construyendo el futuro que no fue. El escritor francés Daniel Picouly, aseguró al presentar hace unos días su nuevo libro, ‘68 mon amour‘ que “un mayo francés hoy es imposible, porque la juventud de ahora es más cínica y racional”. Y hay que aceptarlo, así como aceptamos lo que nos traiga el viento. Si hubiera un mayo del 2008 iba a ser el de los precarios, el de los dóciles, el de los parados y el de los egoístas. Entonces no sería tan romántico, ni colorido. Lo escribo sin ganas, sabiendo que no he descubierto nada que no esté a la vista y que la televisión no nos eche en cara cada día. Eso es lo peor, estar viviendo a 40 años de todo.

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Castro autoriza…los desfiles de moda

Abril 24, 2008

El título, una broma en serio. Visto que todos los titulares de El Mundo sobre Cuba empiezan así, pues me he apropiado de ese estilo tan…eso, periodístico. Lo cierto es que resulta raro que esta excelente noticia, no la hayan rebotado los medios españoles, tan adictos a la “patata frita informativa” sobre Cuba. Primero fueron los móviles, los DVD’s, los ordenadores. Ahora, siguiendo la onda ‘light’ de las reformas se organiza por primera vez el desfile de moda de un estilista extranjero, el italiano Rocco Barocco (¡con este nombre cacofònicamente pornográfico, para colmo!). Como les cuento, el desfile que fue este jueves en un importante hotel de La Habana, tuvo el dulce encanto de la cutrez.

No hubo pasarela, ni público vip, de esos que lucen gafas negras y perlas en Milán. No hubo gays con perritos de raza, ni chicas Almodóvar, como en Cibeles. Se ve a un tipo con ojos hambrientos que desde la primera fila mira a la modelo. En este la chica desfiló con cara de penitencia por un triste pasillo . ¿Estas son las medidas aperturistas del nuevo Gobierno cubano? Hay otra foto, en la que varias camareras fisgonean a través de una ventana. La primera, mira entre asombrada y curiosa a la modelo, lo hace a escondidas. Lo intuyo por la tensión del gesto de su boca, quizás le está diciendo a su compañera que mira agachada, “¡shhhh, cállate, coño, que nos van a pillar!”. Quizás (creo que son tres las camareras) tenían que estar en la octava planta limpiando la habitación del tal Barocco, pero las chicas somos así, curiosas… Disfrutando de la libertad del primer desfile internacional de moda en Cuba 2008.

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La imaginación…a los balcones

Abril 19, 2008

Odio los bolardos, esas piezas metálicas que, según el Gobierno de Madrid, desestimulan el aparcamiento encima de las aceras. Para mi son objetos asesinos que tienen el insano propósito de desactivarle las rótulas a los viandante no avisados. Basta uno como yo, que camine con la vista puesta un poco aquí, un poco allá, para que termine con las rodillas empotradas en los cilindros de hierros. Pero los que somos así, no cambiamos y ahora -para colmo- tenemos otra justificación. El concurso de balcones de Chueca.
La actriz Carmen Maura, ‘Chica Almódovar’ y amante de los jardines, es la madrina del certamen, que organiza Prosojard (Promoción Social de la Jardinería). Basta vivir en Chueca, barrio de Justicia, tener un balcón y algo de espíritu creativo para poder participar. Contra estas calles del centro madrileño, que huelen a pis y a caquita de perro; contra la insistencia de los constructores que cancelan con sacos y andamios la posibilidad de andar por las aceras, se hace este concurso. Es esperanzador descubrir que hay gente que piensa en maquillar las calles y edificios, como si fueran postales o escaparates, por donde pasear la vista. Con esta imagen me quedo.
Chueca llena de balcones floridos, de jardines colgantes para que los batallones de bolardos y las secuela de los botellones (leáse vomitonas y meadas) no sean los protagonistas del centro madrileño.