Archivo de Marzo 2008

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Para los que tengan ojos…

Marzo 30, 2008


Están paseando junto a nosotros con sus vergüenzas desvergonzadamente a la intemperie; la gente no lo cree y las miran detenidamente, apretándose dentro de sus abrigos o pasan ciegos de confort en sus coches. Ellas no se inmutan bajo tantas pupilas inquistadas en sus pieles de bronce. Igor Mitoraj, el escultor polaco las hizo para que nos quedarámos igual, esculpidos de asombro, mirándolas con su inmensidad de ‘Mito perdido’. Para los que puedan mirar y quieran hacerlo. Lo ponen fácil: Se vuelven hacia el Paseo del Prado, en el sentido de las miradas. Es gratis, es rico, es perfecto, es ARTE.

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Raúl Castro autoriza…

Marzo 28, 2008

Desde hace varias semanas Cuba vuelve a las noticias. Autorizan a los cubanos a la normalidad de muchos. Los cubanos por ley podrán tener vídeos, televisores a colores, hornos microondas; los cubanos podrán comprarse un ordenador para escribir sus cartas al olvido; los cubanos -¡esta es la más reciente!- podrán tener móvil. Lo que los cubanos podrán tener tendrán que pagarlo con divisas, es decir con una moneda que no perciben por su trabajo. El Gobierno de Cuba mete a sus ciudadanos dentro de la ley y acepta ver lo que tiene delante de sus ojos. Porque en Cuba desde hace muchos años miles de personas tienen ordenadores, vídeos, microondas, gracias al mercado negro, a la bolsa negra, esa inexcusable camarada de los países comunistas, donde la mayoría de las cosas normales están prohibidas. Leo todas estas noticias despacio y me amarga pensar en el equívoco que esconde el desliz autocomplaciente y entusiasta de la prensa. Yo, como otros tantos, no me fuí de Cuba para tener móvil, ni microondas, ni ordenador. Excepto el móvil, tenía el resto, por la vía antes mencionada. Yo, perrito cubano, me fuí de Cuba para que me dejaran ladrar, maullar, aullar, en fin HABLAR. Y esa es la noticia que estoy esperando con impaciencia. Quisiera leer en estos días: Raúl Castro autoriza… a hablar, a leer, a pensar y a decir LO QUE LE DE LA GANA A LOS CUBANOS. Después de eso, sería feliz . Lo prometo.

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Amarelmar

Marzo 26, 2008

mar de Varadero, Cuba

El mar es infinito. Ni aunque te esfuerces consigues meterlo en una sola mirada, ni siquiera en muchas. El mar no te cabe. Te sobra. Los que nacimos a sus pies no podemos hacer otra cosa que amarlo. Y a veces, maldecirlo. Lo amamos por sus violentos exabruptos, cuando en apenas una docena de minutos deja desamparada media humanidad, una forma tal de desamparo que solo puede hacer el mar. El que yo conozco y me conoce es así. Todo en sí mismo: calmo, tierno, irrefrenable, terrible. Y sin embargo, cuando nos falta el mar aprendemos a sonreír con la mitad de la sonrisa. El aire es triste y seco. Algo le falta a nuestras vidas, aunque no aceptemos decirlo en voz alta, para no sonar más ridículos, ni más nostálgicos, ni más viejos, de lo que nos acusan. Y no nos pasa nada, o es que nos pasa mucho: ¡Es que nos falta el mar! Amarelmar. No voy a decir cómo se hace. Esto no es un manual, no soy un profesor. Y es que no hay una sola forma de hacerlo, son infinitas las posibilidades, de acuerdo a la imaginación de los amantes. Están los que prefieren meterse en él y nadarlo, para que el mar los acaricie, en su mejor momento o los maltrate furioso entre sus olas. Yo me conformo con poco. No me interesa tocarlo. Lo he tocado muchas veces y sé que es una sensación que solo dura unos segundos, antes de que el mar abandone mis dedos. Yo solo necesito su presencia, su olor a sal. Que me ignore, que vaya a lo suyo, que discurra, que se cuele, que acaricie a los otros, los que lo necesitan. ¡Qué viva el mar! con su furia, con su libertad, con su naturaleza desesperada o tal vez egocéntrica. Mi amor al mar es otra cosa. El mar o la mar, como dicen los viejos pescadores, me falta y eso es… TODO.

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Credo, de Aquiles Nazoa

Marzo 21, 2008

 

Entre tanta procesión y tanto discurso del Papa, y tanta carrera de Fernando Alonso y tanto vómito cotidiano había olvidado que hoy es el Día de la Poesía. Este Credo del poeta venezolano Aquiles Nazoa lo comparto con todos los que confían en que la poesía sirve para algo.

 

Creo en Pablo Picasso, Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra;
creo en Charly Chaplin, hijo de las violetas y de los ratones,
que fue crucificado, muerto y sepultado por el tiempo,
pero que cada día resucita en el corazón de los hombres,
creo en el amor y en el arte como vías hacia el disfrute de la vida perdurable,
creo en el amolador que vive de fabricar estrellas de oro con su rueda maravillosa,
creo en la cualidad aérea del ser humano,
configurada en el recuerdo de Isadora Duncan abatiéndose
como una purísima paloma herida bajo el cielo del mediterráneo;
creo en las monedas de chocolate que atesoro secretamente
debajo de la almohada de mi niñez;
creo en la fábula de Orfeo, creo en el sortilegio de la música,
yo que en las horas de mi angustia vi al conjuro de la Pavana de Fauré,
salir liberada y radiante de la dulce Eurídice del infierno de mi alma,
creo en Rainer María Rilke, héroe de la lucha del hombre por la belleza,
que sacrificó su vida por el acto de cortar una rosa para una mujer,
creo en las flores que brotaron del cadáver adolescente de Ofelia,
creo en el llanto silencioso de Aquiles frente al mar;
creo en un barco esbelto y distantísimo
que salió hace un siglo al encuentro de la aurora;
su capitán Lord Byron, al cinto la espada de los arcángeles,
junto a sus sienes un resplandor de estrellas,
creo en el perro de Ulises,
en el gato risueño de Alicia en el país de las maravillas,
en el loro de Robinson Crusoe,
creo en los ratoncitos que tiraron del coche de la Cenicienta,
en Beralfiro el caballo de Rolando,
y en las abejas que laboran en su colmena dentro del corazón de Martín Tinajero,
creo en la amistad como el invento más bello del hombre,
creo en los poderes creadores del pueblo,
creo en la poesía y en fin,
creo en mí mismo, puesto que sé que alguien me ama.

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La (in)utilidad de las Cosas

Marzo 19, 2008

¡Las cosas! Las grandes, las pequeñas. Estamos rodeados de ellas, tan útiles, tan necesarias, tan cómodas. Son las cosas con las que llenamos la cotidianidad: tan modernas, de tan buena calidad, tan bonitas, tan caras, tan baratas. Todos los adjetivos sirven y al mismo tiempo sobran. Así son las cosas, a las que siempre les va tan bien el viceversa. Se cuelgan de nuestro cuello, como el Ipod o las gafas y nos chantajean con su espíritu práctico y su carácter irreversible. Pero están también, las otras cosas, esas que viven dentro del armario y nos estrujan de nostalgia cuando intentamos deshacernos de ellas. Es el cuaderno de matemáticas de tercero o la maleta de la primaria con su broche metálico. Son los souvenirs que compramos o nos han regalado en aquel inolvidable viaje a Casiopea, por decir algo. Y por demás, hay cosas que nos persiguen para que las compremos, las que nos hacen guiños, detrás de los escaparates o las que te asaltan a mitad de tu serie preferida en acosos que duran 12 minutos. La cosa se pinta interminable, infinita o tal vez, estoy cosificando demasiado este discurso. Reviso mi cartera y cuento, entre otras cosas: un llavero con cinco llaves, tarjetas de créditos, tarjetas del super, tarjetas de salud, de seguridad social, tarjeta de débito, tarjeta de navidad del año 2000 que alguien me regaló, carné de conducir, carné de la biblioteca, el del trabajo, el abono transporte, el de la piscina. ¡La mar de cosas! Cuando a veces nos basta un trozo de sol y una canción para ser feliz. Y no hace falta irse a África por tres meses, para entender para qué sirven tantas cosas.

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Las voces de las calles

Marzo 7, 2008

Tronco, tú compañera está muy buena, tiene unas tetas. Son del top manta, pero parecen auténticas; se ven perfectas; ayer me puse ciego de porros; Si no fueras puta te invitaría al cine a ver una peli de amor; rebajas hasta el 50 %; ¿Curras el finde? Se Vende; compramos oro; hoy no abrimos; no damos cambio para el parquímetro; !El puto curro de los cojones!; mi jefe es un gillipollas de cuidado; hay gente pa’ to’; la discriminación positiva es tan mala como la otra; después de la reforma estoy peor; ser mileurista no pasa de moda; no tiene cura; La epidemia española es el botellón; nos estamos enfermando de indiferencia; me dieron cita para el año que viene; ¿vas a ir a votar? No tengo fuego; La calle de los Esparteros; aquí no caben más inmigrantes; tengo un morito al que le compro chocolate tirao de precio; vidente africano, cambia tu futuro; pensión La victoria, ducha y agua caliente; carga y descarga; todo es lo mismo. Los ojos hablan, los coches pitan, en estas calles llenas de miradas, de gente, de gritos, de cosas sin sentido o con él. Anuncios, música, palabras imposibles, la vida que pasa por tu lado andando con prisa hacia algún lugar que no te dice.