Están los jefes tóxicos y los compañeros intoxicados, el mal ambiente y los ordenadores disfuncionales. Están los despidos y los despedidos, los ‘parados’ y también los sentados. Están los acondicionadores del aire de una oficina y el aire sin condiciones. Pero aparte de todo eso, también está el mobbing. Nadie lo ve, nadie lo siente, o hacen como si nada, pero tú que llevas 16 años en la Empresa le conoces la cara y el olor. Has probado el sabor que te deja en la boca, y la indigesta presión en tu estómago; y la falta de apetito y el insomnio y el todo lo que haces está mal. Ese parece ser el cuadro técnico del mobbing en el que hasta los que te quieren comienzan a pensar que estás poniendote un poco paranoica. Pero, yo sé que no.
El mobbing o acoso laboral existe, me gusta decir Mobbing, porque la palabra en inglés tiene más violencia y cuando la leo siento hasta la música de Tiburón. Y es, precisamente así como se comportan los acosadores: como tiburones. Te detectan, te rondan de aquí para allá, mareándote , cazándote hasta hacerte sentir insignificante e insegura. Mobbing, la tecleo en el buscador y me salen más de 5 millones de entradas. Es más famoso que Julio Iglesias & family, que sólo tiene 4 millones y poco más. Y sin embargo, se habla menos del mobbing. Frente a su poder nos quedamos en silencio; un silencio respaldado e incentivado por empresas, donde la estrategia profesional es comerse los unos a los otros y el que quiera subir sabe cómo hacerlo. Termino como empecé, el mobbing respira a nuestro lado, a veces se toma un café con nosotros, e incluso -según leí recientemente- te suelta una sonrisa. El mobbing es confuso y desorienta. El mobbing existe y hay que ¡¡¡GRITARLO!!!
Archivo de 2/07/08



