La TATE Modern de Londres ha incluido en sus exposiciones veraniegas el Street Art para de una vez por todas darle un espacio cultural al mensaje callejero. Al graffiti que te obliga a fijar la vista, a detenerte y te mete su irreverencia en el bolsillo. Tú te vas a casa pensando. Eso es arte. En uno de mis paseos por Madrid, encontré este graffiti, que no estaba en una pared, sino en el suelo, no era una de esas manchas egocéntricas que abundan en mi barrio, con el nombre del embarrador de turno. Este graffiti tiene su misterio, sus inquietantes palabras medio temblorosas o zizagueantes, escritas con un ojo en la labor y otro en el madero vigilante. Más allá del calor y el alcohol, que riman y parecen juntarse como imanes, hay gente muy filosófica disparando con el spray .




