Archivos de la categoría ‘cultura’

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El insomnio de Virgilio Piñera

Julio 9, 2008

Virgilio Piñera es de los escritores cubanos que más me gusta. Era un tipo irónico que escribió poesías, cuentos, novelas y obras de teatro. Pasó un hambre honda e intensa durante casi toda su vida, antes de la revolución y después. No lo valoraron mucho en vida, ahora, después de muerto, quizás un poco más, porque ya su irreverencia parece más inocua, más inofensiva. Y sin embargo, detrás de este insomnio  está su cara de desvelo, su acidez, su imaginación para ponerle nombre a todo. Como en esa novela en la que el diamante se llama Delfi, Fidel al revés, y uno de los personajes termina tirándolo por el inodoro. En fin, este es Virgilio, el cubano, el que no acompañó a Dante a bajar a los círculos del Infierno, pero que igual, vivió el suyo. He puesto una poesía en la parte correspondiente. Y hoy que estoy como él os lo dejo para vuestras consideraciones. Me fío de vuestro gusto.

El hombre se acuesta temprano. No puede conciliar el sueño. Da vueltas, como es lógico, en la cama. Se enreda entre las sábanas. Enciende un cigarrillo. Lee un poco. Vuelve a apagar la luz. Pero no puede dormir. A las tres de la madrugada se levanta. Despierta al amigo de al lado y le confía que no puede dormir. Le pide consejo. El amigo le aconseja que haga un pequeño paseo a fin de cansarse un poco. Que en seguida tome una taza de tilo y que apague la luz. Hace todo esto pero no logra dormir. Se vuelve a levantar. Esta vez acude al médico. Como siempre sucede, el médico habla mucho pero el hombre no se duerme. A las seis de la mañana carga un revólver y se levanta la tapa de los sesos. El hombre está muerto pero no ha podido quedarse dormido. El insomnio es una cosa muy persistente.

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Mi Mario Benedetti

Junio 17, 2008

No voy a escribir de Mario Benedetti, porque el periódico me traiga malas nuevas. No me consta que yo me haya afiliado al ministerio de los Premios, esa institución donde reparten condecoraciones y medallas mirando antes la fecha de nacimiento, para ajustarse al momento exacto de la muerte. No voy a hablar de ese poeta que llenó mi adolescencia de metáforas como el que está a punto de morir. Este no es un blog de necrológicas y porque yo no estudié medicina para entender cuan grave es el estado de salud de Benedetti. Sólo sé que le fallan sus pulmones. ¡Qué irónía! Él que tanto oxígeno ha repartido.  Voy a escribir lo que sé de él y que no es mucho, advierto. Que sus poemas fueron los únicos porros que me fumé para volar; que con sus libros apilados hice un montón de botellones de poesía, con los que me emborraché cientos de noches seguidas. Que Benedetti va a ser siempre aquel hombre de sonrisa ladeada y melancólica que un día leyó sólo para mí Chau número tres en una sala oscura repleta de gente. Era la Casa de las Américas, en La Habana y yo tenía muy poca edad para entender toda la intensidad que encierra un ‘chau’, del número que sea, pero igual lo sentí. Desde entonces, se hizo peor la dependencia y mi adicción es ya incurable. Y descubrí a Vallejo dando traspiés entre dos estrellas, a Borges, a Pessoa, a Sabines, a Girondo, a Cortázar, a Dalton, y fue el inicio de la promiscuidad poética. Es así, a pesar de todos ellos, o con todos ellos incluidos. Aunque nunca me quede con sus libros y termine regalándolos, Benedetti está en cada tiempo de pausa, siempre se queda conmigo y yo con él.

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Las diez calles ‘rosa’ de Eduardo Mendicutti

Abril 5, 2008

El escritor Eduardo Mendicutti, ha terminado su última novela, ‘Ganas de hablar’, publicado por Tusquets. En lo que decidís si comprais las vans en rebajas o el libro, os cuento otra de este gaditano afincado en Madrid. En ‘Ganas de hablar’ a un ‘mariquita de pueblo’ le dedican una calle con su nombre. Ya puestos en el tema Mendicutti revela a la revista Shangay a los mariquitas ilustres a los que le pondría una calle. Para Rock Hudson nada mejor que en la zona donde se concentran los cines, los teatros, los cabarets y los tablaos; el escritor piensa que un buen lugar sería “paralela a la calle Miguel de Molina”. Los colegas de profesión, Truman Capote y Marcel Proust también merecerían su trocito de asfalto. Al autor de ‘A sangre fría’, le pondría una calle como la madrileña Ortega y Gasset en el que están todas las tiendas de lujo, mientras que la calle de Proust podría estar “situada en el barrio de las Letras”. La fantasía urbanita de Mendicutti no termina aquí. Y quisiera además que Tom de Finlandia contara con su calle, claro está. Y que pudiéramos mencionar el nombre de la vía sin que nos vinieran a la mente policías y marineros empalmados, si no, que sería “una calle de tiendas de ropa y complementos leather”, y tal vez hasta con una comisaría, “donde se ‘pusieran las botas’ carceleros y encarcelados”. Un Mendicutti más clásico, reclama una calle para Alejandro Magno, junto a la Puerta del Sol. “Para recordar que la milicia, el valor y la virilidad no están reñidos con el amor entre hombres”. En la reflexión que hace el defensor de la ‘Literatura gay’ , incluye a otro escritor francés: Jean Genet que podría tener su espacio transitable , quizás una “calle de tugurios llenos de jóvenes estibadores musculosos, en una zona portuaria o cerca de la estación de trenes”. Del mundo del deporte Mendicutti quisiera inmortalizar a Greg Louganis, el tantas veces campeón de saltos. Para él, una calle con “montones de saunas y baños turcos y de baños públicos”. En el selecto barrio de La Moraleja, el autor sueña con la calle de Coccinelle, “una de las pioneras del poderío trans”. Por el momento, hasta que no proponga el referéndum, todo queda en las fantasías de este gran diseñador de palabras que es Eduardo Mendicutti.

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Para los que tengan ojos…

Marzo 30, 2008


Están paseando junto a nosotros con sus vergüenzas desvergonzadamente a la intemperie; la gente no lo cree y las miran detenidamente, apretándose dentro de sus abrigos o pasan ciegos de confort en sus coches. Ellas no se inmutan bajo tantas pupilas inquistadas en sus pieles de bronce. Igor Mitoraj, el escultor polaco las hizo para que nos quedarámos igual, esculpidos de asombro, mirándolas con su inmensidad de ‘Mito perdido’. Para los que puedan mirar y quieran hacerlo. Lo ponen fácil: Se vuelven hacia el Paseo del Prado, en el sentido de las miradas. Es gratis, es rico, es perfecto, es ARTE.

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Credo, de Aquiles Nazoa

Marzo 21, 2008

 

Entre tanta procesión y tanto discurso del Papa, y tanta carrera de Fernando Alonso y tanto vómito cotidiano había olvidado que hoy es el Día de la Poesía. Este Credo del poeta venezolano Aquiles Nazoa lo comparto con todos los que confían en que la poesía sirve para algo.

 

Creo en Pablo Picasso, Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra;
creo en Charly Chaplin, hijo de las violetas y de los ratones,
que fue crucificado, muerto y sepultado por el tiempo,
pero que cada día resucita en el corazón de los hombres,
creo en el amor y en el arte como vías hacia el disfrute de la vida perdurable,
creo en el amolador que vive de fabricar estrellas de oro con su rueda maravillosa,
creo en la cualidad aérea del ser humano,
configurada en el recuerdo de Isadora Duncan abatiéndose
como una purísima paloma herida bajo el cielo del mediterráneo;
creo en las monedas de chocolate que atesoro secretamente
debajo de la almohada de mi niñez;
creo en la fábula de Orfeo, creo en el sortilegio de la música,
yo que en las horas de mi angustia vi al conjuro de la Pavana de Fauré,
salir liberada y radiante de la dulce Eurídice del infierno de mi alma,
creo en Rainer María Rilke, héroe de la lucha del hombre por la belleza,
que sacrificó su vida por el acto de cortar una rosa para una mujer,
creo en las flores que brotaron del cadáver adolescente de Ofelia,
creo en el llanto silencioso de Aquiles frente al mar;
creo en un barco esbelto y distantísimo
que salió hace un siglo al encuentro de la aurora;
su capitán Lord Byron, al cinto la espada de los arcángeles,
junto a sus sienes un resplandor de estrellas,
creo en el perro de Ulises,
en el gato risueño de Alicia en el país de las maravillas,
en el loro de Robinson Crusoe,
creo en los ratoncitos que tiraron del coche de la Cenicienta,
en Beralfiro el caballo de Rolando,
y en las abejas que laboran en su colmena dentro del corazón de Martín Tinajero,
creo en la amistad como el invento más bello del hombre,
creo en los poderes creadores del pueblo,
creo en la poesía y en fin,
creo en mí mismo, puesto que sé que alguien me ama.

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Porvenir, que no tienes Ángel González

Enero 12, 2008

Te llaman porvenir
porque no vienes nunca.
Te llaman: porvenir,
y esperan que tú llegues
como un animal manso
a comer en su mano.
Pero tú permaneces
más allá de las horas,
agazapado no se sabe dónde.
!Mañana! Y mañana será otro día tranquilo
un día como hoy, jueves o martes,
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre.