Archivos de la categoría ‘Descanso mental’

h1

The children’s hour

Junio 28, 2008

h1

Miamol, mivida, Miami, mamita

Mayo 25, 2008


No me acordaba yo de estas frases repetidas una y mil veces hasta el hartazgo. Casi había olvidado la almibarada costumbre latinoamericana de atendernos o reclamarnos diez veces al día con las palabras mágicas de mi cielo, mivida y mi corazón. Volver a mis orígenes es volver al lugar donde las mujeres te miran a los ojos y los hombres te miran el culo. Es así, de sencillo, de primitivo y natural. Todas somos mamis y mamitas, la denominación de origen latinomericana Por eso compro estas gafas para filtrarme la mirada y no dejar que mis ojos toquen directamente otros ojos. Aqui estoy a salvo, escucho y dejo que me resbalen dulzonas y pegajosas las frases para disfrutar de estas maneras que dejé en Cuba. Yo soy una mamita, de la escuela del ‘miamol’ y de ‘mivida’ que hoy escucho en esta “provinciastra” de Cuba, que es Miami, donde no todo es spanglish, salsa y política. Esta soleada Miami, donde los aviones te aterrizan sobre los sueños, y cientos de tiendas y pequeños negocios amanecen cerrados por foreclosure o la bancarrota anunciada. Dos días después de la doble ración del menú lingüistico de la casa me sumo al “cuanto me cuesta esto brothel”, o “págame el ticket que no tengo mony”. Escucho los ‘mamis’ que me dice un hombre en la gasolinera mientras peleo con la pesadez de la manguera. Me sonrío, porque es simpático que me llamen mami. Ya estaba acostumbrándome al tía, al chica, al señora madrileño. ¿Me estaré volviendo machista? ¿A mi regreso haré bromas sexistas? ¿Me sentiré una mami en Madrid? De inmediato, me tengo prohibido pensar. Voy al ataque con mi ‘mamita inside’. …¿Papi, me pones un batidito de papaya?

h1

‘Zapateando’ bajo la lluvia

Abril 10, 2008

En Madrid llueve desde hace tres días y se nota. Escudriño la cara de los paseantes y el diagnóstico es fácil. La falta de terracitas y la ausencia de cotilleo en las aceras hacen su profundo agujero en el humor de los madrileños. Mi vecino, el jubilado, no está en su banco habitual con la indecisión de leer el periódico o mirar por encima de las páginas el escote de las chicas. La madera de los bancos está empapada y solo las palomas, las cochinas palomas, sobreviven a esta humedad del ánimo. Las plazas del centro permanecen desiertas, mojadas con pequeños charcos-trampa que acechan para bañarte los calcetines a la menor distracción. La gente camina ocultando su cara bajo los paraguas con prisa y a disgusto. Nadie se coge de la mano y hasta los niños andan obedientes junto a sus padres. Por el momento, los meteorólogos son los únicos felices, avisan que hasta el fin de semana tendremos una ciudad con menores índices de contaminación y de polen en el ambiente. También sin sol en mi ventana y un cielo menos azul. Me consuelo, qué voy a hacer, me consuelo con Gene Kelly ‘Cantando bajo la lluvia’ , con su cara de idiota feliz, mientras se empapa hasta el tuétano. Mi padre siempre dice que es un tostón como película, pero hoy de regreso a casa me vino a la mente la imagen del bailarín ‘zapateando’ bajo la lluvia, tan feliz que hasta un policía lo mira sospechoso. Me contagio, busco mi charco, como una rana con cumpleaños y es tal el raptus de entusiasmo, que no me contengo…I’m singing in the rain...

h1

La contienda

Abril 8, 2008

Se miraron de arriba a abajo y no sería la última vez que lo harían. Eran contrincantes. Podían repetir este teatro todas las veces que quisieran. Por aburrimiento, por curiosidad, por venganza. No había otra razón más potente que los separara y, al mismo tiempo los uniera, que la rivalidad. Una condición, seguramente injusta para definir este encuentro, para este fingido y repentino interés del uno por el otro. La escena estaba servida. Las lámparas de sol apuntaban inmóviles sobre sus cabezas, mientras la plaza esperaba ansiosa la contienda. Los contrincantes miraron a su alrededor y solo descubrieron el vacío. Concentrados, esperaban la señal que marcaba el comienzo. Cuando llegó, imperceptible casi como un roce, el combate empezó. Todavía continúa. Sin mí.