Archivos de la categoría ‘Otros’

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La (in)utilidad de las Cosas

Marzo 19, 2008

¡Las cosas! Las grandes, las pequeñas. Estamos rodeados de ellas, tan útiles, tan necesarias, tan cómodas. Son las cosas con las que llenamos la cotidianidad: tan modernas, de tan buena calidad, tan bonitas, tan caras, tan baratas. Todos los adjetivos sirven y al mismo tiempo sobran. Así son las cosas, a las que siempre les va tan bien el viceversa. Se cuelgan de nuestro cuello, como el Ipod o las gafas y nos chantajean con su espíritu práctico y su carácter irreversible. Pero están también, las otras cosas, esas que viven dentro del armario y nos estrujan de nostalgia cuando intentamos deshacernos de ellas. Es el cuaderno de matemáticas de tercero o la maleta de la primaria con su broche metálico. Son los souvenirs que compramos o nos han regalado en aquel inolvidable viaje a Casiopea, por decir algo. Y por demás, hay cosas que nos persiguen para que las compremos, las que nos hacen guiños, detrás de los escaparates o las que te asaltan a mitad de tu serie preferida en acosos que duran 12 minutos. La cosa se pinta interminable, infinita o tal vez, estoy cosificando demasiado este discurso. Reviso mi cartera y cuento, entre otras cosas: un llavero con cinco llaves, tarjetas de créditos, tarjetas del super, tarjetas de salud, de seguridad social, tarjeta de débito, tarjeta de navidad del año 2000 que alguien me regaló, carné de conducir, carné de la biblioteca, el del trabajo, el abono transporte, el de la piscina. ¡La mar de cosas! Cuando a veces nos basta un trozo de sol y una canción para ser feliz. Y no hace falta irse a África por tres meses, para entender para qué sirven tantas cosas.

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Bobby Fisher: 64 años, 64 casillas

Enero 18, 2008

bobyfisher.jpgbobyfisher.jpgEra el Rey de su propia partida. Hoy la ha perdido. Jaque Mate a Bobby Fisher, el artista, el matemático frustrado, el genio. Jugaba al ajedrez como quien respiraba. Estaba enamorado de la dama blanca, pero de tanto en tanto tenía una aventurilla con la negra. Para él la vida era esta: solo existía en un universo formado por 64 casillas, pero lleno de posibilidades. El rey era un poco aburrido y estático. Apenas le interesaba. El Alfil, demasiado radical. La torre, dinámica, de sus preferidas. Los peones, imprescindibles. Los caballos, lo mejor. Del mundo verdadero, Bobby Fisher, escapó o tal vez fue expulsado a patadas. No entendió las reglas de los que quisieron convertirlo en un símbolo político. Todo por ganarle a un ruso en plena guerra fría, cuando él solo hizo lo que sabía: jugar al ajedrez. Ganar.
Sí, quizás tengan razón los que dicen que estabas un poco loco, pero si estamos ya tan cuerdos que no nos mueven las pasiones, sino las corduras, me quedo contigo, Bobby Fisher. El maestro, muerto a los 64 años en la indigencia, atrapado en un tablero a cuadros, blancos y negros. Sesenta y cuatro casillas para vivir, para enloquecer.

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Un año más…

Enero 2, 2008

080102unanomas.jpg
Zapatillas de moda,
relojes plásticos, de moda,
camiseta alegre, desmangada con un toque bakala o
anárquico (ya no se sabe)
perder el sentido común y la cabeza
en un accidente contra una mujer
que conduce a 300 por hora
Pretender alcanzar la medianoche
para hacerle el amor a todas las estrellas
Querer un hijo,
jurar fidelidad y no cumplirlo
amar, hamar y hamarrr
Alistarse en el Ejército
al servicio de la belleza
Consumir poesía
hasta morir de sobredosis de canciones del Silvio,
del loco, del de entonces
Creer que los años tienen 365 mil maneras de vivirse
cuando son tan pocas, apenas unas cuantas.
Al final, pobre tonta,
romántica de mierda
te estrellas contra todo
Un bofetón de realidad te enfrenta,
a las cuentas,
a la lluvia,
a las arrugas y al llanto
de más de tres minutos

terminas en el suelo igual que los payasos
y te sienta fatal el parangón.
No te vale de nada el camuflaje
¿Es que no te das cuentas todavía?
Tu oportunidad ya la viviste
Esto es todo.

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La verdad, de Luis Alberto de Cuenca

Noviembre 28, 2007

La verdad es que no sé qué es la verdad,
y no puede ser bueno que no sepa
algo tan importante como eso.
La verdad es que si alguien va y me dice:
“Es muy sencillo, imbécil: la verdad
es esto o es lo otro o las dos cosas”,
me deja estupefacto. Y si pregunto
qué es la verdad en realidad, si esto,
si lo otro o si al tiempo las dos cosas,
mi informante contesta: “Eso depende”,
y, la verdad, me quedo como estaba.