
Grietas de Mario Benedetti
La verdad es que
grietas
no faltan
así al pasar recuerdo
las que separan a zurdos y diestros
a pequineses y moscovitas
a présbites y miopes
a gendarmes y prostitutas
a optimistas y abstemios
a sacerdortes y aduaneros
a exorcistas y maricones
a baratos e insobornables
a hijos pródigos y detectives
a borges y sábato
a mayúsculas y minúsculas
a pirotécnicos y bomberos
a mujeres y feministas
a aquarianos y taurinos
a profilácticos y revolucionarios
a vírgenes e impotentes
a agnósticos y monaguillos
a inmortales y suicidas
a franceses y no franceses
a corto o a larguísimo plazo
todas son sin embargo
remediables
hay una sola grieta
decididamente profunda
y es la que media entre la maravilla del hombre
y los desmaravilladores
aún es posible saltar de uno a otro borde
pero cuidado
aquí estamos todos
ustedes y nosotros
para ahondarla
señoras y señores
a elegir
a elegir de qué lado
ponen el pie.

[...] Lo que no se dice « La vida es más compleja de lo que parece Me etiquetan la etiqueta Enero 25, 2008 Repartido está todo. Organizado también. Y tanto que los campos se rellenan de forma automática. De esta parte, los negros, de la otra, los blancos. Por aquí los ciudadanos comunitarios, por esta otra puerta los extracomunitarios. Este bar para jóvenes, aquel de más allá para viejos. Estas novelas para público gay, las otra para todo el mundo. Los periódicos para los que se quieren informar, la tele para lo contrario. Estos zapatos para chicas, aquellos para chicos. Esta marca de coche es de pijos, la otra es de pobres. El ‘Día’ para inmigrantes, ‘Carrefour’ para bienestantes. El té en polvo para los que se cuidan, en bolsita para los descuidados. El amor para los románticos, el desamor para el resto. Los jerseys naranjas para los sin gustos, los de color pastel para los ‘Lacostes’. Para los guapos, el mundo, para los gordos, el submundo. La Moraleja para los famosos, Carabanchel para los apestosos. Estoy harta de la etiqueta, de este código a barras que me asignan, de este número de tarjeta de crédito que soy, de este mono de feria que marca su usuario y contraseña cada cinco segundos, de esta repartición del mundo en función -sobre todo- del mercado. Grrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr. ¡A ver, a ver, malditos mamarrachos en qué parte metemos el pie! [...]