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Algo pasa con la cultura

septiembre 7, 2007

España, una de las 10 primeras potencias económicas del mundo es además con sus 400 millones de hispano parlantes de los primeros países con más cosas que decir en el universo cultural. Y sin embargo, mientras los ministerios, como Exteriores, Fomento, Defensa ven aumentar generosa y abundantemente sus presupuestos, Cultura apenas llegó este año al 4 por ciento (poco más de la inflación). ¿Algo va a cambiar? ¿Qué pasa con la cultura? Apenas recién llegado al cargo, el Ministro de Cultura, César Antonio Molina empieza este revuelo de última hora, este aspaviento ‘express’, inaugurado con la dimisión de la polémica directora de la biblioteca Nacional, Rosa Regás y poco después la de Ana Martínez de Aguilar, al frente desde 2004 del Museo Reina Sofía.guernica

A la políticamente incorrecta, Regás le dispararon a la cabeza desde todos los grupos políticos, semanas antes había asegurado que menos mal que los españoles ya no leían los periódicos, que estaban en manos de grupos de poder (¡Qué injusta, Rosa, con lo independientes que son El Mundo y El País!). La dimitida explicó el abandono del cargo porque -según el ministro- ella “no había hecho nada” durante su gestión de más de tres años al frente de la Biblioteca Nacional. Ahora dimite otra directora, Ana Martínez de Aguilar, la del Museo Reina Sofía, poco antes de que el Consejo de Ministros apruebe un plan de modernización para las instituciones que dirigían ambas mujeres y un nuevo método para la designación de sus principales responsables. ¿Van a sustituir la digitocracia o el arte de designar con el dedo? ¿O simplemente el actual ministro pretende que sea su dedo el que cuente?
Las intríngulis de la política son infinitas, por eso voy a evitar especular, sin embargo, una reflexión es sana y saludable. ¿Porque estas dimisiones en importantes instituciones estatales poco después de la llegada de un nuevo ministro al Parnaso? Me recuerdan las dimisiones que ocurren siempre en la jerarquías de la Televisión Estatal después de un cambio de Gobierno. ¿Rosa Regás y Martínez de Aguilar eran gente de la ex ministra de Cultura, Carmen Calvo y por eso no satisfacen las exigencias del actual César Antonio Molina?
Al margen de las dimisiones y el ‘quítate tú pa’ ponerme yo’ que han sido históricamente los cargos culturales, los socialistas deberían cumplir lo que prometieron y que tantos ‘culturetas’ estamos esperando, que no son precisamente estas turbulentas aguas. ¿Para cuando la eliminación del IVA de los productos culturales, libros, conciertos, espectáculos teatrales y de danza? A mí todavía me queda un poco de paciencia, voy a esperar a ver si los cambios del Gobierno SOCIALISTA se quedan en Puro Teatro, al decir de La Lupe o hay algo más. Pocos días ya faltan para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, a ver cuanto dinero van a disponer para que la cultura sea eso que dice este ministro catalizador de dimisiones, “la expresión más libre del deseo”.

3 comentarios

  1. En líneas generales, la cultura en este país apesta. Apesta a una podredumbre que no es achacable a los políticos, que no es achacable a los magnates. Que tan sólo es achacable a todos aquellos y aquellas -que ahora hay que ser lingüisticamente bixesual. Lo neutro ha sido ejecutado por el irredimible pecado de terminar con la letra o- que confunden su desarrollo y su difusión con la promiscuidad cultural.
    La cultura languidece porque se incluyen en las listas de lectores de periódicos a los que hojean el marca en los bares y los periódicos gratuitos, basados en pildoras informativas y titulares extraídos de la manipulación sensacionalista de las estadísticas del INE, en el metro; la cultura agoniza porque los programadores televisivos han inventado el concepto de entretenimiento, separándolo del de cultura, y lo han colocado en la viscera, el sexo y la chabacanería -como si Shakespeaere, Tennison, Moliere, Moratin, Lope o Lorca no pudieran entretener-.
    La cultura boquea como un gran tiburon blanco fuera del agua obligada a mutar y a evolucionar por los derroteros ininteligibles que, entre subvencion y subvencion, los “genios” del cine español proyectan para sus historias. Obras que sólo les satisfacen a ellos, que sólo entienden ellos y que son ejercicios de onaismo formal y temático tan profundos que ni siquiera producen la más mínima excitacion cognitiva en los que las intentan digerir.
    la cultura española exhala extertores moribundos porque los que se encuentran al frente de las decisiones en el ámbito creativo, ejecutivo y político son perfectos “imbeciles” -en el sentido que le otorga a la imbecilidad Pino Aprile en su elogio-, que mantienen el sistema en sus estadios más elevados de incompetencia y absurdo.
    Pero la cultura española agoniza principalmente por la falta de interes de aquellos a quienes va destinada: de la gente en general, más preocupada por el culo de la famosa de turno o por el insulto del último monstruo televisivo creado ad hoc para la ocasión.
    Por eso y por el gusto de los actores de la cultura, de los creadores, por sentirse superiores.
    Rosa Regás, la políticamente incorrecta Rosa Regás, vive de ser políticamente incorrecta, como lo hacía Umbral o lo intenta hacer Sánchez Dragó, pero, aun así, todos ellos se casan y se encaman con líneas políticas determinadas para medrar y disfrutar de una tranquilidad inmerecida.
    Alguien que es un cargo político no puede ser políticamente incorrecta. Eso es un hecho incuestionable. Y Regás era un cargo político.
    Cualquier director de la Biblioteca Nacional que pierda un incunable en una sala a la que sólo tienen acceso unos miles de investigadores y sea incapaz de encontrarlo debe presentar su dimisión de forma irrevocable en ese mismo momento.
    La posición de Regás es tan absurda e irrespetuosa para con la función política que asumió que no tiene derecho a cuestionar ninguna otra cosa.
    Es como si el director de la CIA no hubiera presentado su dimisión por ser incapaz de anticipar el famoso 11 de Septiembe y luego lo hiciera porque el Presidente Bush le hubiera criticado por decir que “los terroristas yihadistas son buenos chicos”.
    La función de Regás era -aparte de evitar que la escamotearan cartografías cuasi milenarias-promocionar la lectura, no enorgullecerse de que la gente no lea periódicos.
    Puede que tenga razón en sus apreciaciones, pero ella no es la más indicada para hablar de independencia. Los cargos políticos no son independientes, nunca lo han sido y nunca lo serán.
    Rosa Regás forma parte de ese abanico de creadores de cultura que considera que la literatura es sólo “su literatura”; que considera menores géneros y autores que han alcanzado grados narrativos mucho más elevados de los que ella podra conseguir nunca, simplemente por el hecho de que se venden masivamente.
    Y es parte de ese aparato cultural que acepta la política como una forma de más de medrar y de imponer sus criterios.
    “Los pasillos del poder son muy cómodos hasta que alguien abre una puerta y te obliga a entrar dentro”. Pero, claro eso lo escribió un autor de ciencia ficción, así que no debe ser valorable para Regás.
    ¿Criticó Rosa Regás la falta de independencia de los medios cuando los periódicos del mismo grupo que la editorial que publica sus libros le dedicaban páginas y páginas de promoción a la salida de cada uno de sus libros?, ¿se negó Regás a aparecer en esos medios infamemente vendidos a determinadas ideologías cuando su propia ideología la hacía ocupar espacio en ellos? Por su puesto que no.
    Rosa Regás no defendió la bondad de que la gente no leyera periódicos cuando se prestó a todas las entrevistas de promoción de sus libros o cuando posó con sus premios literarios con la sonrisa en los labios. No se negó a hacerle el juego a los medios cuando esto la beneficiaba y dijo simplemente “no les concedo una entrevista porque los periódicos no sirven para nada. Prefiero que la gente no lea periódicos”. Si en alguna ocasión anterior hubiera dicho eso podría considerarla coherente. Como no lo hizo simplemente la considero una arribista.
    Una arribista que aceptó un compromiso que era incapaz de llevar a cabo y que luego, cuando fracasó estrepitosa y ridiculamente en su cargo, hizo lo que hace cualquier famosete de la prensa rosa o cualquier politicastro de gobierno autonómico: cargar contra los medios y culparles de sus problemas.
    La cultura española va a la quiebra gracias a la falta de apoyo a la literatura con la eliminación del IVA, gracias a las subvenciones al cine que le permiten no convertirse en una industria real; gracias a la presunción de una literatura mayor y una menor, gracias a la cuestinable imparcialidad de los jurados de los premios literios y culturales y gracias al poco esfuerzo educativo en materias como el arte plástico.
    La cultura en España es un caos gracias también a la falta de independecia de los medios de comunicación, a la falta de compromiso con la divulgación cultural de los mismos y a la incapacidad para realizar esfuerzos intelectuales de una población que se ampara en el entretenimiento para evitar movilizar sus neuronas con el pensamiento.
    Pero, sobre todo, la cultura española se desploma gracias a una serie de personajes absurdos e inquietentes que la están conduciendo al sueño eterno de la ignorancia. Entre esos personajes está -casi siempre- el ministro o la ministra de turno, estan los ejecutivos de las empresas culturales y están los líderes de opinión.
    Pero, en estos momentos, también está Rosa Regás.
    Por lo demás, gracias por sumarte a aquellos que están dispuestos a hablar de lo que la gente no está dispuesta a escuchar. Eres buena, criatura.


  2. Jo’er, tio, ¡qué comentario más largo! No puedo agregar nada más!


  3. claro que es buena…
    ´Pero adémás, para más inri, por encima de toda la mierda hay otra más grande y es que eso es lo que se ve tan solo echando un vistazo, si te fijas, más allá por encima de todo, solo se podrá ver un gran centro comercial…
    La cultura es una palabra demasiado grande para que quepa en un solo ministerio



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