Archive for 29 noviembre 2007

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Fidel Castro, el palo y la zanahoria

noviembre 29, 2007

Fidel Castro es intocable desde hace 48 años, cuando se puso al mando del país. Hoy todo sigue igual, desde su cama nada se mueve en la isla sin que Él lo autorice. Él manda. Convertido en una única pieza: Castro es igual a Revolución, y criticar cualquiera de sus decisiones o disentir ha sido imposible. Él es la Revolución y en esa trampa mortal del círculo cerrado no hay espacio más que para aplaudirlo, apoyarlo y venerarlo.castro01.jpg
Ni siquiera el viandante que camina por las calles de Cuba se salva de su presencia omnisciente, sus pasos van acompañado de Él, el líder máximo. En cada esquina, desde lo alto de un cartel, en los que habitualmente el Capitalismo vende sus necesidades de consumo, el Gobierno cubano ofrece su mejor producto: Fidel Castro.
Los carteles con su rostro, con sus frases sagradas durante casi 50 años han rendido sus frutos. Su presencia resulta imprescindible y en estos momentos, en que apenas se ve en televisión, es hasta reconfortante. No hay de qué quejarse, es un mecanismo infalible de convencimiento. ¿Y si no cuánto pagan las marcas por una valla en plena Gran Vía?
La diferencia aquí está en que podemos optar por otra marca, por otro producto que satisfaga nuestras aspiraciones y deseos. Ésta, aquella o quizás la otra, hay varias opciones. Con Castro no es posible. O te gusta y te lo quedas o sencillamente te lo quedas, porque Él es insustituible, irremplazable, no se equivoca, Él no comete errores. Sin sutilezas, ni miramientos, quien está contra una opinión del Comandante está contra la Revolución y por tanto, es enemigo declarado de esta.
Los que tenían demasiado iniciativa, los emprendedores, los demasiado críticos, los que no se entusiasman con las palabras y necesitan hechos, los que lo cuestionan todo, los que no se quedan callados, los incómodos, esos fueron sepultados en el curso de la historia de la revolución, bajo la mole autoritaria del Comandante.
Y sin embargo, en Europa a veces es difícil explicar por qué parece tan fácil que un hombre carismático, en este caso Fidel Castro, pero ya vemos el despuntar de Hugo Chávez, se instale para siempre en el poder. ¿Son tontos los latinoamericanos o masoquistas?
América Latina y el conjunto de sus países no esperan nada, porque ya nada tienen. Lo han perdido todo entre la corrupción de sus políticos, el fracaso de las llamadas democracias, la desigualdad extrema y los graves desórdenes sociales.
Con un vecino tan poderoso como Estados Unidos es difícil sobrevivir a los tratados económicos que autoproponen ‘razonablemente’ y que solo a ellos benefician.
Castro, hasta sus críticos le reconocen sus méritos, elaboró y llevó a la práctica un programa social que canceló el analfabetismo: millones de jóvenes, hijos de campesinos, estudian en la Universidad, médicos gratis y para todos (sistema sanitario siempre más deteriorado y decadente, pero sin dudas sigue siendo el más eficiente del conjunto de países del tercer mundo); suprimió los alquileres abusivos nacionalizando el ministerio de la vivienda, entre otras medidas sociales.
El proyecto revolucionario después de 48 años tiene estadísticas para presumir: el 6,2% de la población cubana es universitaria, hay un médico por cada 165 habitantes, la mortandad infantil está a niveles de cualquier país desarrollado con un 6 por cada mil nacidos. Busquemos cifras iguales o similares en el continente, tras hallar el resultado nos volvemos inmediatamente ‘Fidelistas’.
Los pobres de América Latina no tienen mucho donde escoger, no hay opciones. Fidel Castro ha dado a Cuba el palo y la zanahoria: la zanahoria es que todos estudian, todos tienen derecho al dentista y al cardiólogo gratis. Detrás llega el palo, un país donde no existe mercado de compra venta inmobiliaria. Ni cara, ni barata. Donde la gente no puede residir donde quiera o necesite, ni siquiera dentro del propio país sin permisos oficiales. Si en un control policial rutinario en la capital cubana detectan a una persona con un dni, donde consta la residencia en otro lugar distinto a La Habana, es conducido inmediatamente, , sin derecho a réplica, ni a abogados, a su provincia.
Si un cubano decide pasar una temporada fuera de Cuba a costes de tu familia en Puerto Rico, España, Estados Unidos, el Gobierno tiene que autorizarlo. En ocasiones la respuesta oficial puede tardar años o incluso no llegar nunca.
Cuando la estancia en el extranjero supera los 11 meses las propiedades e inmuebles a nombre del eventual emigrante son confiscadas, hasta en el caso en que la propiedad esté habitada por padres, hermanos, hijos, etcétera.
El palo de Castro es la restricción surrealista de las libertades civiles. Los vecinos organizados en consejos para detectar anomalías e ilegalidades en las barriadas. La vida de la gente evaluada por un grupo que se erige en censor del resto de la comunidad, en nombre de la defensa de la Revolución.
En cualquier país europeo esto sería un escándalo, pero estamos en Cuba, una isla, rodeada de mar, donde los periódicos y el resto de los medios de comunicación, todos del Estado, se encargan de exaltar las 24 horas los logros de la Revolución y los ataques del Imperialismo. En Venezuela, ese es el riesgo, igual o parecido. La zanahoria es el petróleo para el Pueblo, la riqueza para el pueblo. El palo, paciencia, que está llegando.
Los caudillos comienzan mimando al pueblo, a los hambrientos que no tienen nada, cuidan de su salud y educan a las masas, pero terminan por convertirse en dictadores. Dios existe, son ellos.

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La verdad, de Luis Alberto de Cuenca

noviembre 28, 2007

La verdad es que no sé qué es la verdad,
y no puede ser bueno que no sepa
algo tan importante como eso.
La verdad es que si alguien va y me dice:
“Es muy sencillo, imbécil: la verdad
es esto o es lo otro o las dos cosas”,
me deja estupefacto. Y si pregunto
qué es la verdad en realidad, si esto,
si lo otro o si al tiempo las dos cosas,
mi informante contesta: “Eso depende”,
y, la verdad, me quedo como estaba.

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Madrid, la ciudad olímpica que huele a pis

noviembre 21, 2007

Madrid no huele a churros recién hechos, ni a sábanas limpias como en las novelas de Galdós; Madrid no huele a pasado, a pesar de los cientos de calles y monumentos que destilan historia. La urbe, que sus gobernantes esperan en convertir en ciudad olímpica, huele a pis. Una gran meada de días, de meses, de años ha subvertido el delicioso olor a ajos, ese del que la inculta Vicky Beckhan se burlaba, hasta convertirlo en esta nausea de meadero. Orina, pura y diligente que rueda desde las vejigas de los miles de viandantes hasta las calles, portones, paredes y muros madrileños. El olor penetrante del pis se impregna en el aire y su presencia supera la del aroma del cocido madrileño y de los callos espesando en las cazuelas de barro que ofrecen los menú del día. Nada puede competir con el impertinente tufillo a orín que respiran los que patean las calles de Madrid. ¡Que se entere el señor Gallardón! que salga de su oficina y venga a dar una vuelta por las calles del centro, donde la orina es parte ya del entorno etnocultural de la ciudad. Me pregunto por qué las calles del centro de la ciudad huelen así y recorro desde Bailén, Vázquez de Mella, Travesía de San Mateo, a la Plaza del 2 de Mayo o la de Chueca. De la Gran Vía hasta San Bernardo, De la Plaza Mayor, atravesando Montera hasta Callao. Las paredes manchadas, la sombra oscura de los charcos, oso.jpgdelatan la presencia del pis que silenciosamente empapa las esquinas de los escaparates, las paredes de los estancos, los muros de los edificios. Orina añejada en el tiempo, acumulada meada tras meada en las entradas de los garajes, bajo la sombra de las marquesinas, en las puertas traseras de los autobuses. ¿Por qué los madrileños mean sin preocuparse más que por mear? La pregunta es obvia, la respuesta lo es más aún: No hay baños públicos en Madrid.

El Gobierno de la ciudad no contempla entre las necesidades de sus habitantes y visitantes estos espacios imprescindibles, donde aliviar uno de los deseos más primarios de la especie: Mear. Y hacerlo en medio de la urbe, ante la indiferencia de los paseantes ya habituados y la necesidad puede concluir en una diversidad de métodos y estrategias para orinar en pleno Madrid. Los lugares preferidos son, sin duda, entre los resquicios del trío de contenedores que alberga la basura reciclada. No se puede pedir más, tres cubos grandes y cuadrados que amparan todas las exigencias de la privacidad. Pero sabemos que no siempre están disponibles, por lo que los más agresivos lanzan su ‘cascada’ contra el capó y los maleteros de los coches, dibujan su alivio en la carrocería de los vehículos aparcados. A otros, les basta apuntar hacia la sagrada escalera de una iglesia o bajo un andamio cualquiera, para vaciar sus ganas.

Una señora me dice convencida “mean en la calle, porque son unos guarros, si yo tengo un apuro me basta con pedir permiso en un bar”. “Yo siempre voy a los Rodillas y están limpios”, me cuenta una chica con pintas góticas. “En cualquier parte, pa’ mear cualquier sitio es bueno”, me grita un chaval a mi pregunta y sigue su camino sin pararse. En Chueca, -me cuenta un vecino-,no ponen baños, “porque los gays los cojerían para sus cosas, ya sabes”. “Hombre, es más cómodo un servicio, pero en los bares nunca te dejan pasar si no vas consumir, entonces no queda otra que arrimarse contra una pared y ya está”, me dice un señor que parece saber de lo qué habla. Le pregunto a un policía, de los que trata de controlar el entusiasmo de la movida madrileña, a la salida del metro Tribunal. “Multarlos es perder el tiempo, ya tuvimos un caso de un compañero nuestro que denunció a un chaval por orinar en la vía pública y el Juez declaró que orinar era una necesidad fisiológica”.
Y yo sigo caminando por esta ciudad espléndida, mentalmente enumero sus virtudes sin esfuerzo. Madrid tiene El Prado, ampliado y con una colección inestimable, un Zoo que cuenta con dos pandas chinos, pero auténticos; Madrid tiene uno de los más pintorescos barrios gays de Europa con Wifi incluido y el Parque del Retiro; locales para todos los gustos y tendencias con una fauna urbana cosmopolita hasta el infinito, con unos centros comerciales que nada tienen que envidiar a los de Estados Unidos. Madrid tiene carreteras amplias y modernas, y los chirimbolos publicitarios más grandes de toda España. Aquí, sin embargo, están los hechos y hay un trozo de responsabilidades repartidas en esta peste que acecha en las calles del centro de Madrid. Lo cierto es que no hay explicación, de por qué Madrid no tiene baños. Si el Ayuntamiento insiste en no enterarse, que se enteren al menos los editores de las guías turísticas de la ciudad para que incluyan entre sus consejos estrellas: A Madrid no le falta de na’, pero traiga un orinal portátil, ¡lo va a necesitar!

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Revolución cubana, el remix

noviembre 15, 2007

Como uno de esas clásicas baladas ochenteras que los nostálgicos se han encargado de reanimar con arreglos pop y parafernalia techno, la revolución cubana repite su discurso. Ya no es tanto que sea un discurso obsoleto, sino -lo peor- es que es mentira. Este remix de revolución es una tonada linda y pegajosa, que has estado oyéndola toda la vida. fidel.jpgPromesas falsas aliñadas en el mejor caldo de cultivo que puede tener Cuba: Ser una isla rodeada de mar. Once millones y medio de cubanos encerrados en el mejor de los mundos posibles, adonde no llegan la prensa extranjera, ni las opiniones diferentes, ni internet, porque hacen daño, porque atacan a la revolución, porque están al servicio del Enemigo. Dicen así y defienden su mundo desbordante de humanidad, aunque yo solo encontré humanidad en los ojos del más pequeño de mis parientes, que con apenas 6 años, aún no sabe que soy la gallina de oro, a la que desplumar, porque así lo establece mi condición de rica emigrante. “Un mundo solidario”, saltan ante cualquiera de mis “críticas venenosas”. La solidaridad tiene el precio que tú puedas pagar por ella. Si no tienes dinero estás más liquidado que un sombrero en el país de los sin cabezas. En mi regreso a Cuba encontré el mismo lugar de siempre, un país sofocado por la propaganda, de donde todos se quieren ir, donde todos roban, donde nadie trabaja, donde todo es ilegal, donde todo se derrumba: las casas, la moral, la decencia, la verdad. ¡La ética y la estética! Pero qué pintan tus críticas, tu palabra no vale nada, tú no existes, tú no estás, tú no tienes derecho, tú no tienes país. Tú solo tienes dinero para comprar lo que su dignidad no les permite tener y que es todo. Alimentos, zapatos, medicinas, esas cosas que están ahí, en los estantes de las tiendas por dólares en una economía anómala que respira en paralelo a la otra economía, a la doméstica, esa que les exige sobrevivir con dignidad, pero sin nada. El resultado queda a la vista, un país arrasado, donde las palabras se han quedado huecas de significado. Los cubanos ya no saben qué es dignidad, ni qué es solidaridad. Repiten esa mentira como si fuera un escudo Ya ni siquiera se acuerdan de qué es realmente una revolución. Piensan que es rebatir las palabras del otro, que es soportar con estoicismo lo que parece ser más que un proyecto, una maldición. Pero cada uno de ellos después de haberme contado su tragedia, de haberme confesado que se quieren ir, que es un Sistema donde nada funciona, que La Habana se cae, que Fidel Castro es un cadáver político y muy pronto uno real, me escupieron en la cara su verdadera tragedia. Vuelven a repetir la misma tonadilla esperanzadora de que Raúl Castro sí sabe lo que quiere y abrirá el país a las iniciativas hasta ahora vetadas por un hermano obstinado y caprichoso. Raúl Castro, -me explicaron algunos- solo está esperando que la vida siga su curso para hacer de Cuba ese ejemplo de humanidad, solidaridad y Socialismo, que yo no alcanzo a entender. Es eso, en fin, lo peor de la Revolución remix.