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Los equívocos

febrero 12, 2008

Confundir el crepúsculo con los amaneceres. La personalidad con el personaje. Encender la calefacción y sentirse en el trópico. Llenar de agua la bañera de casa y nadar hasta el cansancio. Comerse dos plátanos y salir dando saltos creyéndose King Kong. Tararear una canción y querer competir en los próximos Grammy. Llenar de letras cientos de páginas y pensarse escritor. Para ser un romántico, la fórmula es gratis, recitar tres poemas, escribir en un cuerpo mil veces la palabra hamor con saliva. Abrazar el aire, besar la niebla. Y por último, tragarse un anzuelo para aliviar el dolor de conciencia. El resultado es obvio, sobra imaginación para saberlo. Aquí estoy, sin uñas, sin palabras, sin ti. Los equívocos son los errores garrafales que cometemos; los traspiés que nos damos con la torpeza, nuestra mejor virtud. Y ahora, por si acaso mi mala memoria pretende que me olvide de estos días, escribo el siguiente aviso: ¡Recordad, caminantes, la culpa es de uno que siempre se equivoca!

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