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Felices los normales

febrero 27, 2008

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Hace unos días alguien cerca de mí se preguntaba en voz alta porqué siempre que encontramos a otro, invariablemente le preguntamos a qué se dedica, qué hace. La norma, los normales. El rigor adulto que quiere saber lo que presuponemos sea lo más importante. Quizás tengamos que traernos de vuelta a ese preguntón de ‘El Pequeño príncipe’, para refrescar nuestra manera de intercambiarnos con los otros. Reactivar el atrevimiento del personaje-símbolo de Saint Exupery con el qué color te gusta más o cuál es tu sabor preferido, o si disfrutas más los crepúsculos que los amaneceres. ¿Tienes quien te domestique? o ¿a qué hora quieres que te espere? En fin, sacudir a este animal de costumbres que somos, pedirle que se desespere, que se angustie, que se enamore, que se sofoque para no ir por el mundo preguntando a los demás lo qué hacen, sino lo qué quieren hacer, en las cosas qué creen, o en el poeta que prefieren. Me gustaría más a mí misma, quizás también a los demás. Voy a intentar dejar de ser esta mascota del hábito que se enfada, porque hoy un peluquero me dejó la cabeza rapada y el cerebro intacto ¡Qué suerte, estoy de pena, pero todavía puedo pensar! No prometo nada. Es difícil. Estoy dentro del sistema.

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One comment

  1. Menos mal que existen
    los que no tienen nada que perder,
    ni siquiera la muerte.
    […]



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