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El mobbing y Julio Iglesias

julio 2, 2008

Están los jefes tóxicos y los compañeros intoxicados, el mal ambiente y los ordenadores disfuncionales. Están los despidos y los despedidos, los ‘parados’ y también los sentados. Están los acondicionadores del aire de una oficina y el aire sin condiciones. Pero aparte de todo eso, también está el mobbing. Nadie lo ve, nadie lo siente, o hacen como si nada, pero tú que llevas 16 años en la Empresa le conoces la cara y el olor. Has probado el sabor que te deja en la boca, y la indigesta presión en tu estómago; y la falta de apetito y el insomnio y el todo lo que haces está mal. Ese parece ser el cuadro técnico del mobbing en el que hasta los que te quieren comienzan a pensar que estás poniendote un poco paranoica. Pero, yo sé que no. El mobbing o acoso laboral existe, me gusta decir Mobbing, porque la palabra en inglés tiene más violencia y cuando la leo siento hasta la música de Tiburón. Y es, precisamente así como se comportan los acosadores: como tiburones. Te detectan, te rondan de aquí para allá, mareándote , cazándote hasta hacerte sentir insignificante e insegura. Mobbing, la tecleo en el buscador y me salen más de 5 millones de entradas. Es más famoso que Julio Iglesias & family, que sólo tiene 4 millones y poco más. Y sin embargo, se habla menos del mobbing. Frente a su poder nos quedamos en silencio; un silencio respaldado e incentivado por empresas, donde la estrategia profesional es comerse los unos a los otros y el que quiera subir sabe cómo hacerlo. Termino como empecé, el mobbing respira a nuestro lado, a veces se toma un café con nosotros, e incluso –según leí recientemente– te suelta una sonrisa. El mobbing es confuso y desorienta. El mobbing existe y hay que ¡¡¡GRITARLO!!!

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6 comentarios

  1. conclusión…¿es mejor estar parada?
    yo ahora laboralmente solo busco una cosa… una empresa que me caiga bien y se porte bien… lo que haga en ella casi que me es indiferen te… será muy difícil…


  2. Tengo una amiga que solo quiere trabajar donde haya buen rollo y gente maja. Yo, la verdad es que solo desearía trabajar y que me dejaran en paz. En estos tiempos es difícil, diría que bastante difícil, juntar todas esas exigencias. No creo que estar parado sea bueno, a menos que uno use ese tiempo en algo creativo y/o enriquecedor. De lo contrario, follar, beber y dormir es reducir la vida a un estado del que después puede costar mucho salir. ¡Suerte a todos los parados!
    ZA


  3. Existe, sí. Se siente, se huele, se palpa, se respira…, hasta que te asfixia. Ocurre a menudo, en cualquier empresa, cuando menos te lo esperas. Suele encarnarse en un desaprensivo que no duda en arriesgar la salud, mental y física, de sus víctimas; un arribista incompetente que suple sus carencias abusando del poder que ha conseguido vete a saber cómo. Elige el momento estratégicamente y se ceba con trabajadores que “ya no dan el perfil que su puesto requiere”: bien porque han cumplido demasiados años, bien porque han tenido un hijo, bien porque se enfrentan a un cáncer… Claro que existe. Tiene nombre y apellidos. Y algún día habría que gritarlo, sí, hacer público su carnet de identidad, divulgar sus malas (malísimas, burdas, rastreras) artes, poner en la picota al acosador, denunciar al delincuente y a la empresa que le da cobertura. Pero el explotador juega siempre con ventaja. El miedo o la simple prudencia están de su parte. Y el tiempo que la víctima gasta en reponerse y en administrar su prudencia o su miedo juegan a favor del tirano. Yo me hago la misma pregunta que le hacía al señor K. la hijita de su arrendadora en aquel texto de Bertolt Brecht: “Si los tiburones fueran personas, ¿se portarían mejor con los pececillos?”


  4. vaya vaya


  5. Cepunto, no conozco ese texto de Brecht, pero creo que puedo responder la pregunta. Seguro que sí. Los tiburones no se encarnan en un pececillo en particular, ni sienten complejos de inferioridad porque el pececillo tenga más colores que él o las escamas más brillantes. En fin, el mobbing, un fenómeno absolutamente (in)humano lo practican los homosapiens, solo nosotros somos capaces de tanta crueldad.
    A Rebeca, me refería a los parados-sentados, a los que el calor o la escasez de exigencias sobre sí mismo no les deja moverse más allá del hedonismo más elemental. A lo que Silvio Rodríguez llamó Las sillas en su canción, las que siempre están al borde del camino y te invitan a sentar. Nada más que eso.


  6. SI LOS TIBURONES FUERAN PERSONAS

    “Si los tiburones fueran personas”, preguntó al señor K. la hijita de su arrendadora, “¿se portarían mejor con los pececillos?” “Por supuesto”, dijo él. “Si los tiburones fueran personas harían construir en el mar unas cajas enormes para los pececillos con toda clase de alimentos en su interior, tanto vegetales como animales. Se encargarían de que las cajas tuvieran siempre agua fresca y adoptarían toda clase de medidas sanitarias. Si, por ejemplo, un pececillo se lastimara su aleta, le pondrían inmediatamente un vendaje de modo que los pececillos no se les murieran a los tiburones antes de tiempo. Para que los pececillos no se entristecieran, se celebrarían algunas veces grandes fiestas acuáticas, pues los peces alegres son mucho más sabrosos que los tristes. Por supuesto, en las grandes cajas habría también escuelas. Por ellas los pececillos aprenderían a nadar hacia las fauces de los tiburones. Necesitarían, por ejemplo, aprender Geografía, de modo que pudieran encontrar los grandes tiburones que andan perezosamente tumbados en alguna parte. La asignatura principal sería, naturalmente, la educación moral del pececillo. Se les enseñaría que para un pececillo lo más grande y lo más bello es entregarse con alegría, y que todos deberían creer en los tiburones, sobre todo cuando éstos les dijeran que iban a proveer un bello futuro. A los pececillos se les haría creer que este futuro sólo estaría garantizado cuando aprendiesen a ser obedientes. Los pececillos deberían guardarse de toda inclinación vil, materialista, egoísta y marxista; y cuando alguno de ellos manifestase tales desviaciones, los otros deberían inmediatamente denunciar el hecho a los tiburones.
    “…Si los tiburones fueran personas, también habría entre ellos un arte, claro está. Habría hermosos cuadros a todo color de las dentaduras del tiburón, y sus fauces serían representadas como lugares de recreo donde se podría jugar y dar volteretas. Los teatros del fondo del mar llevarían a escena obras que mostraran a heroicos tiburones, y la música sería tan bella que a su son los pececillos se precipitarían fauces adentro, con la banda de música delante, llenos de ensueños y arrullados por los pensamientos más agradables. Tampoco faltaría religión. Ella enseñaría que la verdadera vida del pececillo comienza verdaderamente en el vientre de los tiburones. Y si los tiburones fueran personas, los pececillos dejarían de ser, como hasta ahora, iguales. Algunos obtendrían cargos y serían colocados encima de otros. Se permitiría incluso que los mayores se comieran a los más pequeños. Eso sería delicioso para los tiburones, puesto que entonces tendrían más a menudo bocados más grandes y apetitosos que engullir. Y los pececillos más importantes, los que tuvieran cargos, se cuidarían de ordenar a los demás. Y así habría maestros, oficiales, ingenieros de construcción de cajas, etc. En pocas palabras, si los tiburones fueran personas, en el mar no habría nada más que cultura”.



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