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Los ancianos no están de vacaciones

agosto 20, 2008

Los veo en los bancos sentados solos o en compañía de sus periódicos, los veo caminando por las calles regañando a sus perros quizás en un intento de entablar una conversación con alguien. Algunos tienen consigo mismo un monólogo silencioso por lo que no me entero qué les preocupa, qué dicen. Los veo mirando a los que se mueven a mil por hora, quizás preguntándose adonde coño vamos tan de prisa. Ellos ya llegaron y volvieron. Ya lo saben y siguen a su ‘tempo’ dejándonos el paso libre para que arrasemos a su lado, para que también lleguemos y volvamos. Mi edificio está lleno de ancianos que no van a las piscinas de verano,ni esquían, ni tienen casa en Benidorm. Los ancianos de mi edificio no aprovechan las rebajas, las bolsas que llevan y traen están medio vacías. Mis ancianos se levantan muy pronto a sacudir sus felpudos por el balcón, donde a veces yo estoy asomada. Después bajan uno a uno, nunca en grupo, por la escalera de madera. Siento los pasos de mis vecinos ancianos, sé que son ellos, porque suenan toc toc toc sobre los peldaños gastados, como acordes de fin de siglo. La abuela de la primera planta limpia todos los días el pasillo, nadie le paga por eso, pero a sus 78 años la misión de su vida es luchar contra el imperialismo del hollín, así que mientras yo desayuno siento el olor húmedo que llega hasta la ventana de mi cocina. Mis vecinos ancianos a veces coinciden en las escaleras y conversan entre ellos, hablan alto, porque creo que sus oídos se han vuelto algo insensibles. Escucho toda la conversación: Hablan del calor y de las cataratas que Gloria, una de ellas, tiene que operarse. Está Ignacio, el octogenario del cuarto D, que siempre baja a jugar mus con su inseparable gorra de chulapo forever. Lo he visto en la plaza diciéndole piropos a las chicas cuando no está su señora. Hoy está con ella y en estos casos, él ni habla, baja o sube a su lado atento y obediente como el chucho que lleva de la correa. Los que tiene el verano es que mucho de los bares están cerrados así que la aventura a por el vermut termina en la iglesia. Después de la misa los ancianos se apropian de los bancos de San Idelfonso para hablar de sus cosas. Charlan hasta que la noche cae y las farolas se encienden mientras el otro mundo, este que late en paralelo, los mira como extraños.

2 comentarios

  1. Asi vamos a estar mi esposo y yo dentro de poco. Solo espero que los mas jovenes tengan paciencia o comprension para con nosotros… y hagan este mismo analisis que acabas de hacer sobre tus vecinos ancianos. Ya a nuestra edad no se puede ir tan rapido, ni fisica ni mentalmente, necesitamos mas tiempo para analizar las cosas y llegamos a ellas, pero con menos rapidez, mas lentamente que los que tiene 30 o 40.


  2. Es cierto que los más jóvenes debemos tener paciencia, algo que no siempre ocurre. Pero creo que es un asunto de dos, los ancianos ya están excluidos de la sociedad, que muchas veces los considera un estorbo. Los que tienen hijos pueden apoyarse en estos para convivir en dos épocas sin separarse demasiado de la vida REAL. Aprender cosas nuevas es bueno para la salud mental y para sentirse útil e integrado.



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