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Adiós al patriotismo

agosto 24, 2008

No soy patriota, he renunciado a ese lastre. Diez años atrás no se me hubiera ocurrido decirlo, menos pensarlo, pero a medida que pasa el tiempo, que viajo, que miro al mundo, a la gente, a mí misma me doy cuenta de que me falta el condimento patriótico. Un ejemplo básico, no me importa lo qué haga Cuba en las olimpiadas. No me interesa en lo absoluto ver mi bandera ondear, no me emocionan esas cosas del himno, ni toda esa paparruchería con la que somos altamente manipulables. Ya no y estoy a salvo. Disfruto tanto el salto infinito de la atleta rusa Isimbayeba, lo mismo que la carrera de Bolt, el hombre más rápido del mundo. Me gusta el deporte, me fascinan estos tipos superdotados que consiguen hacer marcas y cosas imposibles. Que llegan a la meta desfallecidos, la japonesa que se desmayó dentro de una piscina, el vómito de Cal en el podio tras un esfuerzo que lo dejó sin fuerzas ni siquiera para vomitar. Esas cosas podrían hacerme saltar las lágrimas o la sonrisa y no me interesa qué bandera defiendan, ni de donde vengan, ni que ciudadanía tienen. Me quedo con el deporte a secas, o mejor con las emociones que los deportistas exportan a mis endorfinas sedentarias y voyeuristas. En fin, es demasiado tarde para tantas disquisiciones. Basta por hoy. Sólo espero que los cubanos me sepan perdonar.

3 comentarios

  1. Yo me quedo con la pata’a a la cara del arbitro. Por todos aquellos deportistas de cualquier país a los que se perjudicó su valoración en favor de otro: por el gimnasta español, por el nadador (¿era bosnio?) al que le dieron la plata en favor del norteamericano; por cada uno de aquellos que fueron plata a favor de oros vergonzosos. Me da igual de que país sean.
    El que la pata’a fuera cubana es más motivo de vergüenza, por inciviles, que de orgullo, que conste. Pero ¿cuantas veces no se nos atraganta ese gesto en favor de lo “politically correct”?
    Volviendo a lo nuestro, sí, el deporte a por el deporte, sin banderas que ultimamente se usan solo para exacerbar lo peorcito de este animal que somos. Si venimos todos de africa, ¿a qué tanta historia?


  2. La verdad es que da cierto regocijo esa patada a la cara de alguien que uno considera que se ha comportado mal. Pero si fuera así, no existirían los tribunales y esto sería el West, cada uno cuando lo considerara oportuno se tomaría la justicia por su mano. Pero, además la violencia es uno de los instintos más básicos de los seres humanos, así que cuando me viene de golpear a alguien siempre me contengo, recuerdo que esa actitud me denigra, más que al otro. Sobre el patrioterismo lo pienso como tú. Somos la raza cósmica, como dijo José Vasconcelos, un intelectual mexicano.


  3. La verdad es que la patada en la cara al juez, me parecio una agresividad desmedida, mejor era reclamar por otra via mas correcta y menos vulgar; pero disfrute mucho cuando gano Robles, el mulato cubano que gano el oro corriendo.
    Cuando la gente grita y es agresiva pues pierden la razon, aunque la tengan… siempre hay que mantener la educacion.



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