Archive for 7 septiembre 2008

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Cuba qué linda es Cuba…

septiembre 7, 2008

Esa primera frase hay que leerla con entonación, mejor, hay que cantarla con ritmo y sazón, porque es la canción de la infancia: ¡Cuba qué linda es Cuba, quien la defiende la quiere más! Y por ahí seguía diciendo que no había cielo más azul, ni mar más azul, ni nada más que…En fin, el superlativo de todo. ¿Hay alguno? Patriotismo aparte, la imagen es desde el jardín del Hotel Nacional, en La Habana, detrás de la bandera que colgó el Aznar cubano de turno, el Malecón.  Este muro que es como un sofá de ocho kilómetros, donde los habaneros nos enamoramos, nos peleamos, la frontera que nos separa de tierra firme y donde empiezan las 90 millas de emigración a Estados Unidos . Disfrutad de la foto, que no sé si esta vez podré traer tanto sol, visto lo que pronostica  el Centro de huracanes ‘yanki’. Recuerdo un slogan publicitario que decía: ¡Cuba te espera!  Los jodedores de turno, propusieron que seria más correcto decir: ¡Lo que te espera en Cuba!  Con estos truenos y huracanes…¡Allá voy!

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Estado del tiempo

septiembre 4, 2008

Me he leído y releído casi todos los periódicos on line que conozco, desde el Times hasta Il Corriere, pasando por los locales de Florida y de la Patagonia. Busco una idea que me rescate de este letargo que me tiene la actividad cerebral pegada al cero absoluto. Busco algo que me emocione para poder escribir un par de párrafos y me reflote de este agosto interminable, que ha dejado mi reserva de imaginación en los umbrales críticos. Odio los post egocéntricos y son los únicos que me salen con cierta fluidez, que no decencia. En estos días además de mirar periódicos y seguir en suspenso el tour de los huracanes por el Caribe, solo ansío en cambiar de escenario. Ya no encuentro sosiego en tumbarme en el Retiro o en el templo de Debod, ni caminando por mi barrio a la espera de una musa extraviada que me alumbre. Un purito cubano, un mojito en el balcón,  tu boca en mi boca, un cine sin palomitas, una serie de humor hasta la medianoche. Lo pruebo todo y termino repitiéndome entre el ordenador y el sofá. La verdadera hazaña es soportar las horas que faltan para respirar ese aire que huele a azufre y a sal.  Hago un último intento,  compro un libro que hace tiempo quería leer. La distracción se incrusta, como una marca de agua sobre cada una de las letras que leo: Vacaciones, bacasiones, vakaziones, mi mente la versiona de mil maneras distintas y me rindo al encelograma plano. Me consuela pensar que estoy camino al éxtasis, al menos todos los fronterizos que conozco son felices hasta donde no se puede más;  trato de convencer a mi cerebro para que deje de angustiarse y se alegre, porque si sigo sin poder pensar es por eso mismo: porque estoy a punto de ser rematadamente feliz.