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Ni estos ni aquellos

febrero 1, 2009

Hoy tenía el pretexto moral para escribir de Cuba. Las dos manifestaciones que han removido Madrid en las últimas horas me empujaban. La primera, ayer sábado a favor del régimen de la isla y la segunda, este domingo contra. Era un sentimiento ambivalente, porque , en realidad, esperanza-manime aburre inmensamente la disidencia cubana, que incluye entre sus aliados a Esperanza Aguirre, la presidenta de la Comunidad de Madrid. El mismo sentimiento me provocan los retronostálgicos que siguen apoyando lo que ya no se sostiene de ninguna manera. La disidencia y los simpatizantes son como un libro de disparates. Los primeros se alían con la derecha más rancia. Como si no entendieran que esta mujer encarna en sí los valores más trágicos de una dictadura:  la censura, el control sobre los otros y la utilización de cualquier medio para lograr su fin.

Parece una locura, pero los simpatizantes son patéticos: Defienden con sus gritos y pancartas lo que no serían capaz de soportar en su vida diaria.  ¿Habéis visto ‘La ola‘?  Esa es Cuba, esa  autocracia de llanto y no de marchas. Los simpatizantes son entrañables, porque tratan de revivir un sistema que solo sobrevive en sus sueños; la oposición es absurda,  sin ni siquiera proponer una alternativa, un proyecto socio-político viable. Y para más desgracia se junta con lo peorcito de la peña. ¡Pobre Cuba!

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