Archive for 19 abril 2009

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Contraseñas de por vida

abril 19, 2009

Vivo una vida llena de códigos, de palabras claves. Para entrar en el ordenador,  en el que cada día trabajo,  tengo que escribir cuatro contraseñas diversas. Cuatro programas distintos que parecen encriptados de la misma manera.  Me esfuerzo por poner palabras o números cortos, pero el programa tiene sus reglas que obligan.  Me siento desolada frente a tanto acertijo que me vuelven difícil acceder al mundo de secretos de seis sílabas. Nadie puede entrar. Nadie puede salir. Para los que no recordamos ni la  clave de acceso del candado de la taquilla del gimnasio tanta protección se vuelve desesperante, un obstáculo más en esta historia de protección y resguardo.  Esta noche llego a casa y marco una combinación de números para entrar a mi salón, para leer un libro, para hacerme un café y abrir una noche de cristal.  No me siento, sin embargo, ni más blindada, ni más segura, ni siquiere un poco más tranquila.  Creo que entre todos hemos conseguido una humanidad llena de desconfianza y de tics obsesivos.  Sólo nos queda ponerle un código de seguridad a nuestro propio corazón y advertir que aquel que quiera entrar sólo tiene tres intentos, después el sistema se bloquea. Recuerda, esta clave es personal,  te ruego no comunicársela a nadie.  Después de un periodo de uso la contraseña caduca y todo empieza otra vez.

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Mal de África

abril 5, 2009

Todos los años mi amiga A viaja a África y no es la única.  Miles de europeos viajan al continente negro cada año y regresan con esa nostalgia de haber extraviado los orígenes.  Los más poéticos le llaman a ese estado el Mal de África. Los turistas del primer mundo regresamos de allá manteroshaciendo discursos de lo que nos estamos perdiendo entre tanto desarrollo.  Mi amiga A habla de la belleza de la naturaleza, de la estupenda gracilidad de esos cuerpos marrones, de sus adornos salvajes, de sus blancos dientes y su orgullo tribal.  La cultura africana parece haberla atrapada; regresa despotricando de su trabajo y de esta vida esclava del egoísmo y la mundanidad.  Es increíble, pero todos coinciden, si leo los foro de los amantes de África los argumentos son los mismos.  La sensación es que el Mal de África es un hecho real. La contradicción también es real, cuando vemos a esos mismos africanos, que llegan a nuestras costas, amontonados en cayucos, sin sus adornos; cuando los vemos bajo nuestra  ventana traficando hachís, sentados en nuestras aceras con la nostalgia del que ha extraviado su camino entre un montón de CD’s falso y  la miseria de este mundo; cuando compartimos el banco del metro sin encontrar la gracia de sus cuerpos, ni la blancura de sus dientes.  No nos sentimos nostálgicos, ni hablamos del Mal de África.  Apretamos el bolso, apuramos el paso. Entonces, mi amiga A, se desborda y dice que estos negros, esta invasión de inmigrantes están arruinando el país y creando inseguridad. Nosotros somos los mismos. Ellos también.