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Contraseñas de por vida

abril 19, 2009

Vivo una vida llena de códigos, de palabras claves. Para entrar en el ordenador,  en el que cada día trabajo,  tengo que escribir cuatro contraseñas diversas. Cuatro programas distintos que parecen encriptados de la misma manera.  Me esfuerzo por poner palabras o números cortos, pero el programa tiene sus reglas que obligan.  Me siento desolada frente a tanto acertijo que me vuelven difícil acceder al mundo de secretos de seis sílabas. Nadie puede entrar. Nadie puede salir. Para los que no recordamos ni la  clave de acceso del candado de la taquilla del gimnasio tanta protección se vuelve desesperante, un obstáculo más en esta historia de protección y resguardo.  Esta noche llego a casa y marco una combinación de números para entrar a mi salón, para leer un libro, para hacerme un café y abrir una noche de cristal.  No me siento, sin embargo, ni más blindada, ni más segura, ni siquiere un poco más tranquila.  Creo que entre todos hemos conseguido una humanidad llena de desconfianza y de tics obsesivos.  Sólo nos queda ponerle un código de seguridad a nuestro propio corazón y advertir que aquel que quiera entrar sólo tiene tres intentos, después el sistema se bloquea. Recuerda, esta clave es personal,  te ruego no comunicársela a nadie.  Después de un periodo de uso la contraseña caduca y todo empieza otra vez.

One comment

  1. Terrible mundo moderno!… A mi edad es mucho mas dificil asimilarlo y recordar todas las contraseñas.



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