Archive for 26 junio 2009

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Nada queda de él, sólo el nombre

junio 26, 2009

Prodigiosa ciencia

A los veintiséis años, entró al quirófano por primera vez. Desde entonces, vivió entre el quirófano y el escenario. ¿De qué color es la cumbre del mundo? Del color de la nieve. Para ser rey de reyes, el más alto entre los más altos, él cambió de piel, de nariz, de labios, de cejas y de pelo. Pintó de blanco su piel negra, afiló su nariz ancha, sus labios gruesos y sus cejas pobladas y se implantó pelo lacio en la cabeza.Gracias a la industria química y a las artes de la cirugía, de inyección en inyección, de operación en operación, al cabo de veinte años su imagen quedó limpia de la maldición africana. Ya no tenía ni una sola mancha. La Ciencia había derrotado a la naturaleza. Para entonces, su piel tenía el color de los muertos, su nariz muchas veces mutilada había sido reducida a una cicatriz con dos agujeros, su boca era un tajo teñido de rojo y sus cejas un dibujo de susto, y se cubría la cabeza con pelucas.  Nada quedaba de él.  Sólo el nombre. Se seguía llamando Michael Jackson.
Eduardo Galeano
Bocas del tiempo II


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La ideología de lo que mejor conviene

junio 3, 2009

Parece cierto, lo tengo que admitir a mi pesar, la izquierda y la derecha se diluyen en el Capitalismo.  El divino confort nos ayuda a olvidarnos de todo para recostarnos sobre todo.  Nos queda el autoritarismo y el fanatismo religioso, el refugio de tantos. No el mío. Yo me quedo flotando en una nube sin partido, sin causa y a veces hasta sin razón de ser. Bueno, a mí siempre me quedan mis propias uñas y el café, y el sexo, y los libros… jejejeje. No estoy tan jodida, después de todo.  Como ahora paso tantas horas en el trabajo miro a mi alrededor y cada día me convenzo más de que todos nos hemos afiliado a la ideología de lo que más nos conviene. La anarquista de mi oficina habla y habla, pero en el momento de hacer alguna cosa en concreta, organizarnos en un sindicato, por ejemplo, ha explicado que no, porque “en este momento no conviene”. Esperaba que me dijese que era anarquista, eso la hubiera justificado, pero lo de la conveniencia me dejó más parada que la farola de la esquina de Alcalá y O’Donell.  En fin, sigo desde mi silla atisbando el mundo entre teletipos y rectificaciones del jefe, de este hombrecillo que más que afiliado es un abanderado del nuevo partido de la conveniencia. Las broncas son siempre hacia abajo, con sus subordinados, con sus iguales no discute, manda a los otros a decir, lo que él quisiera. Con los que están por encima, tiene la rara habilidad de amoldar su cuerpo a la mano del amo y estar listo para hacer lo que más le conviene.  La oficina es como un laboratorio de ratas amaestradas, donde todos hacemos lo más apropiado: Algunos mordemos sin previo aviso, otros se arrastran desde sus asientos enroscándose a la lengua de los jefes, tratando de adivinar sus pensamientos para satisfacerlos al instante. Hay una en particular que es la persona-comodín.  Permanece en silencio durante horas, con sus compañeros sólo se queja, pero cuando llegan los jefes su humor cambia: comenta las noticias,  hace preguntas con vestigios de inteligencia (reconozco). Se hace útil, se ofrece para hacer trabajos en horas extraordinarias. Lo mismo puede ir a China pagándose el billete para reportar desde allí el aniversario de Tianamen, que limpiar la oficina de madrugada. Así la empresa puede ahorrarse algo en estos tiempos difíciles.  Cuando leo de esa gente que pilla una automática y la descarga en las cabezas de sus colegas de oficina siempre pienso que están locos. Creo que estoy a punto de cambiar de idea, aunque eso no sea lo que más me conviene.