Archive for 31 agosto 2008

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El burro y la flauta

agosto 31, 2008

Tirada en el campo estaba desde hacía tiempo una Flauta que ya nadie tocaba, hasta que un día un Burro que paseaba por ahí resopló fuerte sobre ella haciéndola producir el sonido más dulce de su vida, es decir, de la vida del Burro y de la Flauta.
Incapaces de comprender lo que había pasado, pues la racionalidad no era su fuerte y ambos creían en la racionalidad, se separaron presurosos, avergonzados de lo mejor que el uno y el otro habían hecho durante su triste existencia.

Augusto Monterroso

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No me quiero morir así

agosto 27, 2008

No estoy triste, por el contrario, en estos días estoy feliz, a pesar de que el accidente del avión de Barajas me tumbó de golpe en el sofá, fingiéndome a mí misma que estaba cansada. He estado dándole vueltas a la manera en que los medios siguen la noticia y al final, solo desearía no morir así. No desearía que expusieran mis restos en un recinto ferial que parece una pista estadounidense de baile de los 50′ o una cancha de baloncesto con los jugadores cansados. Soy demasiada tímida, aun muerta, para estas luces, para estos reporteros insaciables que tienen que llevarse a sus redacciones un souvenir de la tragedia. Si muriera de esta manera, sería de los últimos cadáveres en ser identificado, eso por tanto también sería noticia en este maratón del gran espectáculo informativo. Mis parientes y amigos tendrían que viajar desde Cuba para someterse a una prueba de ADN, así que además de tener que luchar contra su dolor, lo tendrían que hacer contra el cerco de periodistas a la caza de la lágrima exclusiva, la confirmación de un dolor que es más que evidente y palpable. No quiero mi rostro en uno de los informativos en la franja del ‘prime time’, ni que nadie haga su crónica de periodismo barato a mi costa. Ya sé que es un deseo absurdo, pero de poder elegir preferiría que el avión cayese en medio del mar, en el oceáno. Hasta allí no llegarían el morbo audiovisual y al menos, de verdad, estaría en paz.

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Adiós al patriotismo

agosto 24, 2008

No soy patriota, he renunciado a ese lastre. Diez años atrás no se me hubiera ocurrido decirlo, menos pensarlo, pero a medida que pasa el tiempo, que viajo, que miro al mundo, a la gente, a mí misma me doy cuenta de que me falta el condimento patriótico. Un ejemplo básico, no me importa lo qué haga Cuba en las olimpiadas. No me interesa en lo absoluto ver mi bandera ondear, no me emocionan esas cosas del himno, ni toda esa paparruchería con la que somos altamente manipulables. Ya no y estoy a salvo. Disfruto tanto el salto infinito de la atleta rusa Isimbayeba, lo mismo que la carrera de Bolt, el hombre más rápido del mundo. Me gusta el deporte, me fascinan estos tipos superdotados que consiguen hacer marcas y cosas imposibles. Que llegan a la meta desfallecidos, la japonesa que se desmayó dentro de una piscina, el vómito de Cal en el podio tras un esfuerzo que lo dejó sin fuerzas ni siquiera para vomitar. Esas cosas podrían hacerme saltar las lágrimas o la sonrisa y no me interesa qué bandera defiendan, ni de donde vengan, ni que ciudadanía tienen. Me quedo con el deporte a secas, o mejor con las emociones que los deportistas exportan a mis endorfinas sedentarias y voyeuristas. En fin, es demasiado tarde para tantas disquisiciones. Basta por hoy. Sólo espero que los cubanos me sepan perdonar.

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Para lo que sirve la monarquía

agosto 22, 2008

¿Para qué nos sirve la monarquía en pleno siglo XXI? ¿Es útil? Vosotros sabéis cuanto cuesta a cada español mantener los banquetes, los fastuos y los viajes de las infantas, los príncipes y el resto de la comparsa. Para tener una idea y de acuerdo con los Presupuestos Generales del Estado de este año el gasto para la Casa Real es de 8,5 millones de euros, un 12 por ciento más que el IPC del año anterior, el indicador utilizado para ajustar el sueldo de cada español al coste de la vida. Para dejar los números que no son lo mío y entendernos mejor, diré que el Rey español cobra en un día, más que un mileurista en un año. Dicho esto, sin embargo y con todo el respeto a las monarquías dondequiera que estas se encuentren, os confieso que he exprimido mi cerebro y he encontrado algunas razones imprescindibles para que un Estado mantenga este gasto.

La monarquía española sirve…
Para mandar a callar a los dictadores latinoamericanos.
Para que la revista Hola siempre tenga portada asegurada.
Para que apoyen a la selección nacional de Fútbol.
Para que paseen medio mundo en yates y aviones Vips, mientras uno tiene 20 días de vacaciones que tu jefe te los restriega por la jeta si los pillas todos juntos.
Para que aplaudan a Nadal en los torneos de Wimbledon y la cámara los encuadre mientras bostezan.
Para que vayan a los funerales de Estado y den los pésames de rigor.
Para que la princesa ponga de moda la anorexia.
Para que le hagan creer a las chicas que sí existe el Príncipe Azul.Si a vosotros se os ocurre alguna otra, por favor escribidla en los comentarios. ¡Y larga vida al Rey!

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Los ancianos no están de vacaciones

agosto 20, 2008

Los veo en los bancos sentados solos o en compañía de sus periódicos, los veo caminando por las calles regañando a sus perros quizás en un intento de entablar una conversación con alguien. Algunos tienen consigo mismo un monólogo silencioso por lo que no me entero qué les preocupa, qué dicen. Los veo mirando a los que se mueven a mil por hora, quizás preguntándose adonde coño vamos tan de prisa. Ellos ya llegaron y volvieron. Ya lo saben y siguen a su ‘tempo’ dejándonos el paso libre para que arrasemos a su lado, para que también lleguemos y volvamos. Mi edificio está lleno de ancianos que no van a las piscinas de verano,ni esquían, ni tienen casa en Benidorm. Los ancianos de mi edificio no aprovechan las rebajas, las bolsas que llevan y traen están medio vacías. Mis ancianos se levantan muy pronto a sacudir sus felpudos por el balcón, donde a veces yo estoy asomada. Después bajan uno a uno, nunca en grupo, por la escalera de madera. Siento los pasos de mis vecinos ancianos, sé que son ellos, porque suenan toc toc toc sobre los peldaños gastados, como acordes de fin de siglo. La abuela de la primera planta limpia todos los días el pasillo, nadie le paga por eso, pero a sus 78 años la misión de su vida es luchar contra el imperialismo del hollín, así que mientras yo desayuno siento el olor húmedo que llega hasta la ventana de mi cocina. Mis vecinos ancianos a veces coinciden en las escaleras y conversan entre ellos, hablan alto, porque creo que sus oídos se han vuelto algo insensibles. Escucho toda la conversación: Hablan del calor y de las cataratas que Gloria, una de ellas, tiene que operarse. Está Ignacio, el octogenario del cuarto D, que siempre baja a jugar mus con su inseparable gorra de chulapo forever. Lo he visto en la plaza diciéndole piropos a las chicas cuando no está su señora. Hoy está con ella y en estos casos, él ni habla, baja o sube a su lado atento y obediente como el chucho que lleva de la correa. Los que tiene el verano es que mucho de los bares están cerrados así que la aventura a por el vermut termina en la iglesia. Después de la misa los ancianos se apropian de los bancos de San Idelfonso para hablar de sus cosas. Charlan hasta que la noche cae y las farolas se encienden mientras el otro mundo, este que late en paralelo, los mira como extraños.

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Sor Juana Inés, el regreso

agosto 14, 2008

Así suelen anunciarse las sagas de Batman, Indiana Jones y La Guerra de las Galaxias, todas esas tercera partes con la que nos agobia la industria del cine para engordar ganancias y arriesgar poco. Pero Sor Juana Inés de la Cruz no es ningún personaje ‘hollywoodense’, aunque hay una película -muy buena por cierto- de la directora argentina María Luisa Bemberg sobre su vida: Yo, la peor de todas. Juana de Asbaje, como dijo el intelectual mexicano, Octavio Paz, es la mujer que se metió a monja para poder pensar. Y digo que regresa, porque entre los bestsellers y el olvido quedan solo los libros de bolsillo, como un estrecho filo por donde nos movemos con obediencia los lectores. Sin embargo, Biblioteca de Literatura Universal) Blu ha decidido inaugurar su colección Minor con “Veintiún sonetos de amor y otros poemas”, de Sor Juana Inés de la Cruz. La llamada Safo mexicana o la séptima musa, uno de sus seudónimos, escribió estos sonetos cuando vivía en la corte y era la dama de compañía de la virreina Leonor María Carreto. Un crítico escribía asombrado de “la pasión y los ardientes efectos de los veintiún sonetos de amor de una monja que no ha podido gustarlos, sino tan sólo construirlos con la fantasía”. Al parecer, el estudioso ignora lo que sugiere Paz en su ensayo “Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe”. La mexicana firmaba como Laura los sonetos que dedicó a la virreina, de la que se habría enamorado. ¿Eso explicaría su posterior enclaustramiento? No lo sé, sería especular demasiado sobre el pasado. Lo cierto es que a Sor Juana fue perseguida por su talento y por su interés en cosas tan ajenas al universo femenino como el conocimiento. A los que la acusaron de escribir versos Sor Juana contestaba tomando las palabras de Dios como argumento: “si componer versos era algo pernicioso para el cuidado del alma no habría tanta poesía en las Sagradas Escrituras”.

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Tiempo de ballenas

agosto 12, 2008

Hablamos del calor, del amor, del sexo, de la televisión, de la política, del trabajo siempre en una dialéctica esperpéntica que nos lleva en alguna dirección ilógica. ¡Cómo hablamos! Nos sobran las palabras de más y nos faltan las de menos. Las ballenas jorobadas lo tienen más sencillo, no hablan, a pesar de que desde hace años los científicos sospechan que esas ondas que, como notas musicales trasladan el mar son una especie de parloteo cetáceo. En fin, las ballenas jorobadas llegan cada año a las playas de Puerto López, un pequeño pueblo de pescadores en la provincia ecuatoriana de Manabí; en esas aguas se congregan por cientos, danzan en busca de una pareja. ¡Qué sabias! no preguntan si tienes fuego, ni qué libros leen, no se preocupan más que por los turistas tontos que le enciman demasiado la embarcación. Con sus cuerpos monumentales los machos danzan, se derrumban encima de las olas y provocan otras más altas para que las hembras se queden tontas mirando todo lo que pueden hacer. Es por instinto, claro está, pero los humanos somos torpes por instinto y prometemos lo que no cumplimos y decepcionamos, y nos derrumbamos encima de nosotros mismos, y nos quejamos. ¡Qué sabias las ballenas! Voy a ir a verlas cuando cumpla los 40, a ver si aprendo algo.